06/11/2026
Nevadas
Nieve. Las nevadas de 1960... no tenían mucho que ver con las de ahora.
Sería hacia 1960-1 cuando cayó una nevada de por lo menos 70 cm. Por esos años yo tenía 4-5 años y la senda de nieve que iba de la casa al pajar me cubría por completo, pues no veía para nada la parte superior de la nieve, y eso lo sé muy bien porque fui todo el camino tirando granos de maíz que yo no los veía, pero si los vio mi padre cuando volvió a casa y la reprimenda fue monumental...
La fotografía puede ser de esas fechas. Es la hija de Santos Gastón, LORETO? y un hijo. Ahi se ve que esta nevada también fue importante. La puerta es la casa de la Paquita y el Crescencio, la casa de abajo, donde vivió la Isabel, Benita...
Los pueblos también cambian. Nazar sin cemento, las calles de barro, las casas sin revocar... Hierba, y redajos por cualquier sitio. El redajo que bajaba desde la Balsa hasta el chorrón, el más centrico y que durante todo el año bajaba una gran cantidad de agua. Había una balsa al lado del pajar del carbonero y la casa de Manolo Ibarrola, de esa balsa bajaba el agua hasta la Picota, de ahí al pajar del Miguel y de ahí al Chorrón pasando por los pozos de Montoya... La Picota era un lugar verde...
Cuántas veces cuando miro a la peña, pienso esta misma estampa la han visto todos los nazarenos y nazarenas desde la época prehistórica hasta hoy, pasando por las generaciones más modernas... Las peñas es un tesoro que sigue igual desde milenios y milenios... y que los descendientes de Nazar seguirán viéndolas como las vemos hoy día nosotros...
JOSE MANUEL GOIKOETXEA. Se jubila el médico que ha atendido durante años al Valle de La Berrueza. He tenido la gran suerte de no haber tenido que acudir a él, pero todo lo que he oído sobre él han sido alabanzas y elogios. Un profesional cercano, comprensivo y humano. Desde aquí le deseamos una jubilación larga y tranquila. Seguro que de aquí en adelante verá el Valle con otra perspectiva. Zorionak.
Cuando tenía 5 años, tan solo 5 años, yo que no dejaba nada en paz, me encontré en un armario un precioso caballo de cartón, con ruedas. Aquel día por la mañana había llegado el abuelo de Azuelo, como lo hacía a menudo. Justo quince días después me trajeron los reyes un caballo igual que el que había visto en el armario.
EMIGRAR.
No era la primera familia que se iba del pueblo, anteriormente ya se habían ido muchísimas, pero si era la primera que a mí me tocó vivir.
Era el año 1961 cuando José y Helena, dos nazarenos casados unos pocos años antes se fueron a Sestao con sus dos hijas y la madre de José.
Ya en el pueblo quedábamos pocos chavales, y que se fuesen dos era una pérdida grandísima.
Los tiempos cambian y de qué manera!
Semana Santa. Días donde la tristeza inundaba las calles. No se permitía cantar, no se podía silbar, tampoco se podía gritar. Ni las campanas de la iglesia sonaban. El silencio se apoderaba del pueblo.
El toque de los oficios se llevaba a cabo con las carracas. Dos monaguillos iban por las calles anunciando el primer, segundo y tercer toque.
La iglesia se cubría de lienzos morados, las imágenes se tapaban. El pórtico lugar de reunión y conversación se convertía en un lugar de silencio y respeto, como si de un funeral se tratase.
Así eran las Semanas Santas en el pueblo en la década de 1960. De la Semana Santa que celebrábamos en el Colegio de los Escolapios de Estella no quiero ni recordarla...
Sería por 1961 cuando llegaron de Chile Lucio, Ana y Lucia. LLegaron con un coche que se quedó en la revuelta grande y tuvieron que bajar a por él.
Lucio abrió una gran puerta en la esquina de la casa para hacer un tejado en los bajos. Aparte de ese portalón que abrió en la fachada principal había una puerta normal que la forró con una chapa metálica que como pude comprobar más tarde se había usado como plancha para editar una enciclopedia. Una plancha muy curiosa en la que se leía una página de la enciclopedia con unos dibujos del universo preciosos, que siempre me llamaron la atención.
La mujer de Lucio, Ana fue la que pintó las estaciones del Vía Crucis en la ermita de Loreto. Pintadas con una gran precisión y un colorido que todavía mantienen su frescura. Recuerdo ir a verla cuando las estaba pintando. Ana me regaló unos cuantos libritos de unas 15 páginas y de unos 5 cm de los conquistadores de América.
Lucía se casó con Dionisio y también era una artista, en una época hizo esculturas de cerámica y hasta trajo un horno de gran consumo eléctrico para hornear las esculturas.
El paso del tiempo hace que los recuerdos no sean claros si no más bien se parecen a las figuras que se ven entre la niebla cerrada. No tendría más de cuatro años cuando vi pasar al párroco con dos monaguillos con sus campanillas llevando el Viático a Valentina Colas, madre de Teófila Lacalle.

13:22 | Permalink | Comentarios (0)


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