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03/10/2015

Estercolero, en mi pueblo cemoral

No quiero ser pesimista, pero la realidad no me deja ser optimista. Estoy hablando del medio ambiente, del cuidado del planeta.

Año tras año, década tras década vemos nuestros alrededores más devastados. Todo ayuda a ello, llueve menos, nieva menos, desaparecen arbolados y cada día la tierra está más seca.

Hace tres años tuve la oportunidad de contemplar el glaciar de Mont Blanch, cada año retrocede unos metros, ahí están marcadas las señales año tras año. Contemplar los metros que se han derretido en 20 años no deja impasible a nadie. Tampoco a mí. Hasta ese momento era consciente, siempre he estado muy preocupado por la salud de nuestra Tierra.

Las veces que he bajado a Andalucía y he atravesado la Península Ibérica es igual por Despeñaperros, que por Extremadura, he tenido la sensación que una pasar Nanclares de Oca, la Península Ibérica se ha convertido en un desierto. Terrenos apenas sin arbolado, seco, sin agua. Me imagino la Península dentro de unas décadas convertida en una gran llanura sin verde.

Al ser un hombre nacido y crecido en el pueblo a los temas de ecología les doy una importancia relativa, es decir que soy consciente de la importancia que tienen, pero sin ser esclavo de ello. Soy militante pero no extremista, más bien en muchos casos bastante permisivo.

Y siempre he creído, que es preciso realizar un gran esfuerzo en educar a la población, que todos tenemos que ser conscientes del problema que se nos acerca, que todos tenemos que poner nuestro pequeño grano de arena para conseguir dejar  a nuestras hijas, hijos, sobrinos, familiares el planeta en unas condiciones no muy desfavorables. Creo que uno a uno se pueden hacer muchas cosas.

Dicho esto, lo digo, todavía mucho más alto y con mucha mayor convicción, que las personas individualmente no hacemos nada, y que todo nuestro esfuerzo es en vano, si las instituciones no toman cartas en el asunto, si no existe una legislación que regule la conservación del planeta. Y por desgracia es aquí donde seguimos fallando, donde se habla mucho y en realidad no se hace nada, es peor se hace lo contrario.

Existe una lucha entre los intereses económicos y la salvaguarda del medio ambiente. Sé que todos somos conscientes de esto. En definitiva las instituciones gobernadas por la derecha no están haciendo nada, y no están por la labor de poner cortapisas al capital, al empresario, al dinero.

Son cientos los ejemplos que tengo en mente. Tan solo citaré alguno:

1. La Volkswagen.

2. La Incineradora de Gipuzkoa.

3. Zona de tiro de las Bardenas. Un solo avión contamina más que miles de navarros en toda la vida.

Por desgracia este tema también está directamente unido a la ideología. ¿Están los partidos conservadores de derechas (PP, PSOE, PNV) dispuestos a introducir medidas en que el capital no gane tanto para mejorar el medio ambiente?

La respuesta es no. Ved el caso de Gipuzkoa, donde la Diputación ya está reculando en la recogida de basura selectiva, aún a sabiendas de que se va a reciclar un 60% menos. Pero el negocio de algunos es el negocio.

Es verdad, que tampoco en este tema es fácil de discernir, ya que hablan y hablan del cuidado del medio ambiente, y cuanto más hablan más mienten, pero los hechos y las actuaciones son contrarias.

Gerardo Luzuriaga