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05/01/2008

El Carbonero de Nazar (eta IV)

http://www.youtube.com/watch?v=2IludsEcSbA&eurl=http%...

47f460a5291390c76d2fc56be7bcdf68.jpg3. Cocción de la carbonera.

La preparación de la carbonera era una labor complicada y especialmente meticulosa y metódica. Se debían de tener en cuenta el grosor y la longitud de los troncos, ir colocándolos en capas, etc. etc. Las carboneras que preparaban estos aguerridos leñadores eran de considerables dimensiones que que tardaba varias semanas en cocerse, es decir en convertir la madera en carbón. En este período de cocción se debían vigilar las carboneras día y noche.

Recuerdo como contaba “El Carbonero”, como una vez, ya él casado, se quedaron con un “lantegi” en el monte de Otiñano, por lo que alguna noche venía a dormir a Nazar. Aquella noche salió unas cuantas veces al alto, desde donde se divisaba muy bien el monte de Otiñano y también el lantegi donde se había comenzado a cocer la carbonera, a eso de las dos de la mañana, cuando fue a divisar como iba la carbonera, se divisaba una llamarada en la zona donde tenía la carbonera, rápidamente preparó el caballo y marchó a las cuatro suelas hasta el lantegi, ya al llegar se dio cuenta que se trataba de una hoguera que había encendido uno de los que se había quedado de guarda.

 a9b706bc8b29c523e09a8e35dfb3d43d.jpgLa vigilancia era imprescindible, cualquier descuido podía acabar con el trabajo de muchos carboneros. La carbonera estaba en vigilancia continua, no podía arder, pero debía tener la temperatura apropiada. Unas veces era necesario tapar los huecos que se iban haciendo, para que no entrase excesivo aire, es decir oxigeno. Otras veces era necesario añadir “betagarri”, troncos para que no se produjesen vacíos. Labores sumamente complejas y especializadas, en ello iba la calidad del carbón. Muchas veces me comentó el carbonero, que no era necesario ver las llamaradas para saber que la cocción de la carbonera no iba por buenos derroteros. El sexto sentido lo tenían muy bien desarrollado, más que la vista el olor y el color del humo eran señales de gran importancia para estos avezados carboneros.

Podría repetir todo lo que “El Carbonero de Nazar” nos ha contado una y mil veces, -preparación de la carbonera, como se van colocando los troncos, la tierra,  encendido de la carbonera, enfriamiento de la carbonera, el empleo de los utensilios…- pero creo que no haría más que repetir lo que ya se puede consultar en cualquier libro sobre los carboneros.

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Termino, aunque en cierto modo me da pena, pues me he sentido bastante cómodo recondando alguna de las anécdotas que nos contó nuestro padre, aunque estoy seguro que alguno de mis hermanos me dirá que se me ha olvidado lo principal… También quiero resaltar que el Carbonero de Nazar llevó el nombre de carbonero, y lo llevó con elegancia y orgullo;  pero que en realidad fueron muchos -Mauricio, Pablo, Mari, Fortunago, Miguel, Florencio…- los que realizaron durante años y años esta tarea, que no fue más que una más de ganarse la vida en estos valles.

c84abcbc7bb38373a1c55a21aa18891b.jpgAcabo, con cierta nostalgia, al ver que en un balcón del pueblo he visto colgado un Papa Noel, a mis sobrinos entusiasmados con este personaje advenedizo de no sé donde, de no sé que tierras, y no veo ningún Olentzero (Carbonero), a pesar de que este personaje sea mucho más cercano, mucho más nuestro.

A pesar de que el aspecto del Olentzero (Carbonero) sea la de un carbonero, un poco sucio, pues se pasa todo el año en los montes haciendo carbón, y llega al pueblo con la cara oscurecida por el polvo del carbón, con las ropas estropeadas del trabajo cotidiano del monte, rasgadas por las matas, y las ramas no debía tener competencia con el resto de personajes (Papa Noel, Santa Claus, San Nicolás, Los Reyes Magos…) venidos de países lejanos.

Aunque llegue con las manos, la cara ennegrecidas, la ropa llena de petachos, remendadas por los mismos carboneros llegará un día en que los niños sepan apreciar todos los desvelos que realiza por dejar las labores del carboneo y repartir todos los regalos y dulces a todos los niños vascos.

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Gerardo Luzuriaga "ikazkina"