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02/10/2017

Pequeñeces (12)

En verano las pocas casas del pueblo se llenaban, estaban distribuidas en tres barrios,  (el barrio de abajo, la calle de la fuente, y el barrio de arriba), en el barrio de arriba se encontraba  el Cuarterón. Unas cuantas casas, construidas con recias y gruesas paredes como el resto; pero que se distinguían muy bien de las haciendas pudientes. Las casas del cuarterón no necesitaban ni cuadras para bueyes, ni granero, ni pajar; pues sus propietarios no tenían ni tierras qué arar, ni granos, ni paja qué almacenar.

Sin embargo, el pueblo es amplio y bastante extendido, pues las construcciones no están todas seguidas sino que podríamos decir que están distribuidas en manzanas, algunas son individuales, las mínimas, que corresponden con las buenas haciendas. La mayoría son bloques de cuatro o cinco viviendas. Cada una tiene su propio tejado, es decir están adosadas unas a las otras. También existen cuadras, corrales independientes. Las puertas de las casas dan directamente a la calle, sin cercados ni vallas.

El nombre de Cuarterón le viene porque sus propietarios no no pagaban más que un cuarto de contribución.

En este barrio nací, aunque para cuando yo llegué al mundo, ya teníamos yugada de vacas, tierra y alorines para almacenar el grano (en algún otro momento hablaremos del origen de  la palabra alorín, muchos se sorprenderán), y un pajar aislado de la casa.

A pesar de ser un pueblo pequeño, cada barrio tiene sus peculiaridades y su encanto. Yo con el tiempo he tenido la gran ventaja de haber vivido en los tres barrios. Con siete años me trasladé de la casa de arriba a la de abajo, que es dónde viví hasta los veinte tres. Recientemente me he trasladado al  barrio de la fuente. Cada barrio tiene su encanto. Y aunque alguno no se lo crea existen diferencias entre unos y otros, y no solo climatológicas. En el barrio de arriba nieva bastante más y la capa de nieve se mantiene durante más tiempo, en cuanto al aire, y al frío no existe diferencia alguna.

La única ventaja del barrio Cuarterón era su cercanía al monte, y de él se extraían productos imprescindibles para las economías más pobres: bellotas, setas, leña para los hogares…

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