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05/05/2022

LA BRUJA DE PIEDRAMILLERA

BRUJA DE PIEDRAMILLERA

A finales del siglo XVI en nuestro valle de Berrotza, en Mues y Piedramillera se dieron casos de brujería…

Todo comenzó cuando una noche oscura Maria Zulkal salió de casa con un saco vacío y se dirigió hacia el monte a controlar unos cepos que había puesto para cazar conejos.

María Zulkal se había quedado viuda, muy joven. Su marido había fallecido tres años antes, con el cual convivió seis años, sin dejar descendencia.

María era muy amiga de otra viuda de avanzada edad, Leona, vivían casa con casa en el barrio de arriba. En las últimas casas del pueblo, junto al monte. Leona era la curandera, la partera, la que atendía los partos en el pueblo y en los pueblos de los alrededores, a la que consultaba todo aquel que tenía algún problema de salud y también cualquier otro problema de otros tipos.

Desde que enviudó María ayudaba a Leona en estas tareas. Ella era la que se encargaba de recoger las hierbas, flores, hojas y plantas para los ungüentos que Leona preparaba y que una vez preparados repartía entre sus vecinos. Tanto María como Leona eran mujeres fuertes y vigorosas, que manejaban con destreza el don de la palabra, aunque eran analfabetas. Leona era la única persona del pueblo que poseía tres libros en su casa.

Con todas las plantas, hojas, flores y también con algunas otras partes de animales y secretos que a nadie dieron a conocer preparaban polvos, brebajes y potinjes con los que curaban a la clientela, la mayor parte de ella, campesinos sin muchos recursos, viudas que no podían pagar al practicante, pobres que pasaban de pueblo en pueblo, gitanos que venían con sus carromatos...

Un día las habladurías y chismorreos pasaron a ser denuncias, el párroco también tomó parte en el asunto y las dos mujeres fueron denunciadas a la justicia. Surgieron narraciones y leyendas de lo más insólito, y las actuaciones más habituales y normales que habían sido hasta ese momento se convirtieron en delictivas. El alivio de los dolores al dar a luz, emplastes contra golpes, heridas mal curadas, remedios naturales contra enfermedades de la piel se convirtieron en pruebas del delito, y todas las curaciones fueron atribuidas al poder que tenían por su relación con el diablo.

La posesión de esos tres libros sin que ninguna de las dos supiese leer, ni escribir hizo que los tribunales tuviesen un indicio dónde agarrarse; los vecinos y las habladurías hicieron lo siguiente, hasta atribuirles poderes sobrenaturales de magia y hechicería. Igualmente la condición de viudas y el chismorreo de que mantenían relaciones sexuales en los campos por las noches hizo que el pueblo les condenase de antemano.

Hasta hubo vecinos que declararon que los males acaecidos en los dos últimos años se debían al poder de estas dos brujas, los pedriscos, las lluvias a destiempo , las enfermedades de los vecinos, y hasta la muerte de una niña de dos años fue atribuida a los poderes sobrenaturales de Maria.

No fueron pocos los que declararon que se les veía salir de noche a los campos donde se reunían varias brujas para danzar y bailar alrededor de un hombre con cuernos y rabo que representaba al diablo.

Las dos acabaron en la cárcel, Leona se libró de la tortura por anciana, pero la pobre María, mujer analfabeta e inocente acabó en la hoguera, aunque ella en ningún momento aceptó los hechos que se le imputaron y se declaró cristiana y que siempre había cumplido con las obligaciones de la Iglesia.

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