20/07/2009
Locuras
Más de una vez hemos visto a las personas, bastante atontados por la picadura del amor. ¿Quién puede decir que no ha hecho una tontería o barrabasada bajo los efectos del amor?
También los animales tienen la suerte de sufrir estos ataques del amor. En la vida me ha tocado vez un animal loco, pero si he tenido la oportunidad de apreciar las locuras de los animales tocados por el efecto de la atracción sexual. Sin ir más lejos, este es de mayo, en la primera semana , para ser más concreto, apareció el pueblo lleno de unos bichos de un centímetro de largo aproximadamente, estos animales de colores vistosos poblaron el pueblo.
Estos animalitos de manchas rojas y negras se concentraban en medio de las calles, en lugares estratégicos en busca de su pareja ideal, para después del cortejo nupcial unirse sexualmente. A pesar de contar con alas, con las que podían volar y encontrar lugares más solitarios y seguros, no tenían mejor gusto que reunirse en medio de la calle, y aunque cientos de insectos acababan aplastados por las ruedas de los coches y hasta por los zapatos de los viandantes, tocados por la diosa del amor seguían en medio de la calle rodeados de cientos de sus compañeros aplastados por la civilización, desafiando a la muerte por unos minutos de placer.
¿Quién no ha sido testigo de la danza del amor de los pájaros, volando uno detrás del otro, muy cerca el uno del otro? ¿Quién no ha tenido la oportunidad de ver a uno de estos amantes darse un trompazo contra los cristales de la ventana de una casa? Sin duda, las locuras amatorias no son propiedad de los humanos.
Placer, placer...
Gerardo
22:14 | Permalink | Comentarios (0)
Tranquilidad
Puede haber algo mejor que estar un 24 de junio a las 2 y 10 bajo la sombra de un nogal? Sentado cómodamente en una silla. Medio dormido, bajo los rayos del sol difuminados por las espesas ramas, con un libro en las manos, cerrado y medio caído. De vez en cuando me despiertan las rápidas carreras de vencejos en celo, o el revoloteo de las moscas o algún que otro abejorro, y todo ello con el canto lejano de diversos pájaros que de nuevo me ayudan a adormecerme.
De vez en cuando el aire fresco del viento me acaricia la piel de la cara. Seguramente existirán otros placeres, pero este 24 de junio alrededor de las tres, me contento con el placer de ver pasar el tiempo, hasta que el vuelo de los gaviones me despiertan de nuevo
Ebaristo
11:40 | Permalink | Comentarios (0)

