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05/11/2010

Juventud (II)

Justo en estos años es cuando la educación tuvo importancia en el pueblo. Angelines, estuvo en casa de sus tíos en Azuelo los tres años anteriores a marchar a las monjas a Valencia, Alfredo del Cayo, estuvo yendo a la escuela de Otiñano antes de ir al Verbo Divino, yo mismo fui durante un largo mes a Azuelo.  Los padres se dieron cuenta de que la educación tenía importancia. Hasta estos años eran mucho más importantes las labores del campo que la escuela. Cualquier excusa era buena para faltar a la escuela. Recoger piedras, subir berzas, ir con el almuerzo o la comida, cuidar los cerdos… Mucho se le ha achacado a la maestra, la Resurre su falta de vocación, y las escasas cualidades para enseñar. Seguramente así fue, de hecho muy pocos fueron los jóvenes que fueron capaces de saber escribir y leer con naturalidad al salir de la escuela a los 14 años; pero no cabe en duda que la aptitud de los padres y el ambiente del pueblo no ayudó en nada a la labor de la maestra.

El caso es que un buen año, la maestra nacida y que vivió siempre en el pueblo y que ejerció durante toda la vida en Nazar, la Resurre,  (ya es curioso que a pesar de ser la maestra del pueblo, nunca se le denomino la Señora Resurre, sino la Resurre), se jubiló ya a una edad muy avanzada; o mejor dicho se le hizo jubilarse, ya que el Pedro, preocupado por la educación de sus dos hijos e hija, y el que luego llegó hizo lo indecible para que se jubilase o la enviasen a otro lugar. El caso es que lo consiguió, y de esa forma los  niños y niñas del pueblo, cuando llegó la edad de 9 o 10 años pudimos ir a estudiar a los frailes y  monjas.

El pueblo con la nueva maestra, Satur, cambió. Los mayores, Juan Antonio, Toñín,  José Mari… iban a la escuela, ya con 18-20 años al atardecer. Nosotros comenzamos a estudiar en serio, y las actividades principales hasta aquel momento de encender la estufa, barrer la escuela, y especialmente limpiar los pupitres hasta dejarlos más limpios que la patena pasaron a segundo plano, para adquirir importancia la escritura, lectura y las cuentas.

Gerardo

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