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09/04/2013

Juego de pelota (VII)

Nazar vivió de cerca el juego de la pelota. Desde pequeños aprendimos a hacernos nuestras propias pelotas. Por lo general pelotas que no salían más allá del cuadro tres; pero apropiadas para nuestras manos blandas y suaves como nos correspondían a los 6-8 años.

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 Fue una gran pena que al colegio donde fuimos a parar la mayor parte de los niños de Nazar no tuviese un frontón en condiciones, y tampoco el deporte de la pelota fuese el deporte que los curas potenciasen. Pero sin embargo, cuando volvíamos al pueblo por vacaciones como comenta ELI, la pelota era el deporte en que más tiempo pasábamos.

Aunque para cuando nosotros comenzamos a jugar ya había hecho presencia el fútbol y fue ganando terreno, la pelota siempre estuvo presente. Para estos pueblos de la Berrueza, sin muchos niños y niñas el juego de la pelota era el ideal pues con que hubiese dos niños dispuestos a pegar unos pelotazos ya estaba todo resuelto.

Teníamos pelotas de todas las clases, pelotas de cuero hechas por nosotros, con lo que llamábamos tripas de gato, y luego trapos y más trapos. Recuerdo también unas pelotas de plástico duro, verdes, que picaban como demonios. Eran aquellas pelotas que te regalaban con los zapatos de la marca gorila, que nuestras madres non compraban de vez en cuando en Estella.

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Especiales eran las pelotas que nos hacían nuestros hermanos mayores, pelotas que aparte de salir bastante más que las que elaborábamos nosotros eran más pesadas y hacían un ruido seco cuando pegaban en el frontis y qué decir del daño insufrible que nos hacían en las manos ( A excepción de Pedro que tenía unas manos que parecían de hierro)

G. L.

 

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