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16/01/2017

Piedras moviditas

¡Cosas veredes, amigo Sancho, que farán fablar las piedras!

Según parece esta frase no aparece en el Quijote, por muy famosa que se haya hecho. En Nazar las piedras no hablan, por ahora; pero sí parece que se caen solas.

Las piedras por estos pueblos desde siempre han dado mucho que hablar, ya de pequeños nos repetían una y otra vez, cuidado con las piedras que no tienen ojos. “harriek ez daukate begirik” diríamos ahora. Tanto en la escuela, como en casa, como en la calle, especialmente por las personas mayores no oíamos otra retahíla más que eta famosa frase.

Hasta tuvimos ocasión de comprobar que las piedras no tenían ojos, pues más de una vez iban a la cabeza de algún amigo o enemigo, al tejado o ventana de algún vecino, por no citar cuando las piedras se desviaban y acababan en alguna propiedad de la maestra, del cura, o de algún vecino más que conocido por su mal genio, entonces sí que nos costaba cara la broma.

Bueno el caso es que en Nazar desde siempre las piedras han dado mucho que hablar, de un tiempo aquí las piedras de Nazar ya no hablan pero sí que parece que se mueven solas. Y no solo en los mojones que separan las piezas de cultivo. Hace unos meses una mañana apareció el muro que sostiene la explanada de la entrada de la iglesia, en Nazar llamado paletejas y una pared de la sacristía de la iglesia por los suelos. Paredes separadas, y distantes entre ellas. Misterio.

Extraña coincidencia. Tanto la pared de las paletejas, como la esquina de la sacristía estaban en malas condiciones, sí; pero llamativa y singular casualidad, una mañana sin mediar movimientos sísmicos, ni tampoco condiciones atmosféricas ni suaves, ni extremas, ni causa terrenal conocida aparecieron las piedras de sendos muros derribados. Los dos a la vez.

Conocida es la devoción del pueblo por la Virgen de Loreto, y también conocida es la historia de cómo se trasladaron las piedras de la casa natal de la Virgen María de Nazaret a Loreto de Italia. Las piedras de la casa natal fueron trasladadas una por una desde Nazaret por los Angeles en una noche.

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También en Nazar los dos muros aparecieron esparcidos en una noche, tal vez podíamos pensar que también en este caso fueron los Ángeles los que han echado una mano al Arzobispado para derribar dichos muros, para que se movilizase el pueblo con el fin de arreglar lo que estaba en un estado lastimoso. Lo que ocurre es que entre ambos acontecimientos han pasado varios siglos, y existen vestigios de que no solo los Ángeles han intervenido en este segundo derribo, sino que han sido ayudados por fuerzas más terrenales. 

No creo que en este siglo estemos dispuestos a creer este tipo de cosas, bastante tenemos con digerir  todo lo que nos llega de los siglos anteriores, que aunque no nos lo creamos no nos queda más remedio que hacer como que no oímos.

Y especialmente tampoco creo que los Ángeles se entretuviesen en colocar las piedras en un cierto orden, y mucho menos que usasen barras de uña.

Gerardo Luzuriaga

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