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03/09/2010

El NAZARENO (II)

La Iglesia y una gran parte de los cristianos han adaptado la religión a su gusto.   Seguro que más de uno recuerda el artículo que hace unos años que apareció en este blog, cuyo título no era otro que el NAZARENO.  No pasó desapercibido entre los asiduos lectores de la Berrotza. Unos me lo comentaron porque les gustó y les sorprendió que tratase este tema religioso. A otros sin embargo, no les gustó en exceso y  me comentaron que les había parecido un poco fuerte y sesgado. Pero que vamos a hacer, si Jesucristo en el tiempo que vivió no dejó pies con cabeza, criticó arduamente a los religiosos, y gobernantes;  para alabar y apoyar a los perseguidos, pobres y débiles… porque no lo vamos a decir…

El que no se lo crea que se olvide de lo que nos han contado los curas y lea pausadamente y con un poco de espíritu crítico cualquier pasaje de los evangelios. Tan solo citaré de memoria dos perlas del evangelio: Es más difícil que un rico entre en el reino de los cielos que un camello entre por el ojo de una aguja. Benditos los pobres porque de ellos será el reino de los cielos.

Casi idéntico a lo que la Iglesia programa y dice. Defensora del capitalismo y de las desigualdades sociales existentes en los diversos continentes, países y regiones. Amiga del boato y de los adinerados.

La recua de papas, cardenales, obispos, curas y monjas han sido capaces de desfigurar lo dicho y hasta lo hecho por Jesús de Nazaret, para crear un nuevo Dios, y una nueva religión, completamente diferente a la que nos quiso dejar Jesús. Han convertido la religión en ritos, aparcando la esencia del mensaje. ¿Cómo se entiende sino que la Iglesia esté mucho más preocupada por mantener su posición social en esta sociedad desigual e injusta con una gran parte de la población y se preocupe porque no triunfe el comunismo ni sus ideas igualitarias? ¿O se mantenga en un lugar privilegiado y esté completamente de acuerdo con las reglas que rigen en este momento?

Se nos ha transmitido una imagen irreal de Jesús. La de un niño blanquito, regordito y bien peinado. La de un mozo apuesto, elegante y bien aseado. Cuando en realidad la época y la capa social en que le tocó vivir esa podría ser como mucho la forma de vida de las capas adineradas, pero no la de los campesinos y habitantes de los pueblos.

Igualmente nos han transmitido la imagen  de un hombre en que la política y los acontecimientos sociales no fuesen con él. Nada más lejano de la realidad. Lo han representado como el hijo de Dios, como un ser superior, en que el día a día no le importase y tuviese la vida resuelta. Como si no hubiese sido persona en definitiva. Nada más lejano de la realidad.

Fue un niño como el resto, que jugó con las niñas y niños del pueblo, un pueblo pequeño, como cualquiera de los pueblos pequeños de Navarra. Seguramente andaría descalzo, y bastante mal vestido. Seguramente no sabía ni leer, ni escribir como el resto de los hijos de los campesinos. Un niño en el que tuvieron que influir las matanzas que llevaron a cabo los romanos entre la gente de su pueblo. Tuvo que presenciar, o por lo menos oír de boca de sus padres y familiares la quema de casas y aldeas por los romanos. Seguramente alguno de sus familiares habrían sido detenidos, crucificados o asesinados en alguna de las revueltas que organizaron los judíos de Galilea periódicamente contra el pueblo invasor romano. Sin duda fue consciente del sometimiento romano y mucho más de cerca las desigualdades sociales consentidas por los mandatarios judíos, aliados con los romanos.

Sufrió y vivió como el resto de los habitantes, especialmente cuando decidió abandonar su pueblo, Nazaret, y a su familia para recorrer los pueblos predicando, un nuevo mundo, una nueva forma de vivir. Era un mozo que vivía los problemas cotidianos, que convivía de igual a igual con el resto de la población. Iba de pueblo en pueblo, durmiendo en pajares o lugares resguardados al aire libre. Comía como podía… Vivía como un vagabundo, rodeado de vagabundos.

Si la versión de su vida ha sido deformada, su doctrina no la conoce ni él mismo Jesús. Habló de justicia, y los curas, obispos… se han quedado con la caridad. Medida con la que se sienten cómodos, ya que con la caridad apoyan una sociedad capitalista y desigual y a la vez se sienten aliviados al distribuir alguna de sus migajas entre alguno de los pobres. Además entre los que ellos eligen.

Vivió pobre, con los pobres, era uno más. Comía y dormía con ellos. Intentó por todos los medios acabar con aquella sociedad injusta y crear una nueva sociedad en que desapareciesen las desigualdades. Jesucristo estaba a favor de una nueva sociedad en que no existiesen desigualdades sociales, en la que los pobres, los marginados, los desgraciados, los enfermos  serían los que cambiarían la sociedad corrompida e injusta en que vivían. De hecho estos fueron sus seguidores...

Sus seguidores le han dado la vuelta, hoy los que verdaderamente mandan en la iglesia son los adinerados, que justo son a los que más les conviene el tipo de sociedad actual. Jesús creía y pregonaba un cambio, una nueva sociedad para este mundo. A Iglesia no les conviene una sociedad igualitaria, y han desvirtuado las palabras de Jesús diciendo que se refería a la vida posterior, la que denominan vida eterna y verdadera. Sin embargo, está claro que el Nazareno predicó el cambio también para este mundo. De hecho, desafió a las autoridades tanto romanas, como judías, tanto políticas como religiosas. Protestó contra la explotación. Predicó una vida más digna para los marginados. Atacó a los causantes de las diferencias sociales y especialmente a los religiosos que las toleraban con indiferencia. El mundo que Jesús quería cambiar era el que le tocó vivir.

De ahí que los únicos que le escucharon, le hicieron caso y le siguieron fueron los indigentes, marginados, prostitutas, viudas, leprosos, apestados, vagabundos y pobres. Jesús animaba a llevar una vida distinta, más alegre, y alejada de las normas de su época.  Propaga una revolución interna.  Se da un cambio de mentalidad y aptitud entre sus seguidores. Esta es la fuerza con que cuenta. Jesús está convencido que esta fuerza movería a la sociedad y lograría un cambio. No le dio tiempo, muy pronto las autoridades lo condenaron por desordenes públicos.  Porque Jesús fue un agitador, un provocador, un revolucionario que buscaba un mundo nuevo y diferente. En la que todos serían iguales. Los seguidores se entusiasman con lo que oyen. Jesús desafía a los ricos y poderosos.  Son bastantes los que le hacen casos, y les siguen. Las autoridades se ponen nerviosas, toman en serio aquellas masas y al final son los ricos, poderosos, la policía  las que lo detienen y lo condenan a muerte. Le imputan insurrección al imperio. Los sectores en el poder no pueden soportar sus predicaciones, ya que iban en contra del poder social, económico y político establecido.

¿Alguien ve alguna semejanza entre este Jesús y  la mayoría de los cristianos de hoy dia?

Gerardo Luzuriaga

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