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06/05/2026

Maleta

CON LA MALETA AL HOMBRO

Vivencias difíciles de olvidar

Historia real de unas chicas de 16 años que van a trabajar a Francia, para ello deben pasar la frontera de forma ilegal por los Pirineos Navarros. Dos muchachas de pueblo, inocentes que no habían salido del pueblo. Pili y yo nos animamos a dejar el pueblo, la familia y todo lo que conocíamos, sin reparar en los peligros y las dificultades a las que nos íbamos a enfrentar. No fue una de las mayores la nostalgia de dejar el pueblo, la comodidad de la familia, el cariño de los amigos, el calor de los animales, los olores y colores del campo… No.

Allí en Bidart nos encontramos un grupo de niñas trabajadoras de La Rioja y Navarra, junto a otras sirvientas francesas. Rosario, Codes, Visi, Pili, Conchita, Elvira, Maribel, Alicia, Margarita, Virginia, Asun, Maritxu, Rosa, Luci, Julita, María Jesús, Tere, Guadalupe, Dolores, Mari Curz, Esther, Fani, Eugenia... Cada una de nuestro pueblo: Nazar, Genevilla, Azuelo, Espronceda, Desojo, Zudaire, Urdax, Bera, Eugi, Rivafrecha, Mirafuentes, Zaragoza…

Verano de 1960

Subió a nuestra casa Julia, la mujer de Emilio, caminero de Mirafuentes, a ver si queríamos ir a Francia los meses de verano. Tenía 16 años, para entonces ya había salido de casa, estuve una temporada en Zudaire con María Luisa y su familia, la hermana de Don Pedro, cura que había estado destinado en Nazar durante unos años.

Por cierto no hacía más que llorar y llorar de tristeza por la familia. Me engañaban diciendo que ya va a venir mi madre. Yo salía al coche de línea, sobre todo los jueves, que sabía que mi madre podría ir a Estella desde Nazar, pero nunca llegó.

Después estuve en Elorrio cuidando unas niñas. Todo esto antes de los 16 años.

Volviendo al asunto de Francia, todos los años iban unas chicas de Mirafuentes a unas colonias de Bidart como sirvientas, una se puso enferma y no podía ir. Julia nos dijo se necesitan dos chicas. Teníamos que ir ya. No teníamos ni pasaporte, ni carnet de identidad. Eso no será problema, nos comentó Julia, que tenía una prima de Eugi trabajando en las colonias de Bidart, que era novia de un gendarme, que nos esperaría en la aduana y nos pasaría. No apareció en la frontera y no sé qué novio sería pues en todo el verano no se vieron, ni recibió carta alguna.

Pasamos la noche en una posada para volver a intentar pasar la frontera al día siguiente, pero no pudo ser, así que volvimos a Pamplona. Comimos en casa de unos parientes de Pili. Eran San Fermines, mientras la comida pasaron las Peñas tocando la música, era la primera vez que las veía y también las fiestas de San Fermín, claro.

Un señor de Eugi, de la casa Etxeberri, nos acompañó a pasar el monte “El Quinto Real”, arreando con las maletas al hombro. Según nos contaba mi padre, él había estado por estos montes de joven haciendo carbón. Cuando estábamos pasando por el monte, el señor que nos guiaba nos decía por aquí suelen andar los gendarmes, no sé si sería cierto o no; pero el caso es que pasamos bien de miedo y que en un momento, sí que vimos el cuartel de la gendarmería. La caminata fue dura e inacabable, con el peso de una maleta, que cada minuto pesaba más y más, y un calzado no muy apropiado para aquellos montes. No recuerdo cuánto le pagamos al señor, ni cuánto tardamos en llegar al primer pueblo de Francia, Urepel. Allí cogimos el autobús para Baiona, cuando llegamos fuimos a un bar y pedimos que nos buscaran en la guía telefónica el número de la Colonia Erretegia de Bidart. Nos vino el chofer al encuentro.

No fuimos conscientes de la aventura en la que nos habíamos metido hasta que llegamos a Francia, seguramente si nos lo hubiésemos pensado sólo un momento, no habríamos salido del pueblo. Ni por asomo se nos había pasado por la cabeza ni la tristeza que se apoderó de nosotras los siguientes días, semanas y mucho menos lo arriesgado que era pasar la frontera ilegalmente, ni el trabajar ilegalmente, ni el peso de aquella maleta.

Nada más llegar la encargada nos dijo una de vosotras se queda aquí y la otra se va a otra colonia. Pues había cuatro colonias. Pili se fue y ya no nos vimos en todo el verano.

Cuando todavía faltaban quince días para la vuelta se presentó Pili diciendo que nos volvíamos para casa, ya que habían venido sus tíos de América, que ya tenían hablado en la frontera el poder pasarla, lo harían con dinero, digo yo. Pero no me podía ir sin más ni más. Las oficinas estaban en Biarritz, y tampoco había cobrado. Así que me quedé los quince días que faltaban.

Les dije que me llevaran la maleta, así la vuelta por el monte sería más ligera. Me quedé solamente con la que tenía para volver. Llevaron la maleta al pueblo y la subieron a casa de mis padres, no estaban y la dejaron en la entrada. Cuando llegó mi madre bajó a casa de Pili, para hablar con ella; pero no había nadie, ya que todos los de casa Landa estaban de ruta con los tíos que habían llegado de América. Así que mi madre debió de pasar las de San Quintín, pensando en lo peor. Pili había venido, la maleta de la hija Rosario está aquí, pero ella no está, cómo para no pensar mal.

Verano de 1961

Este año se unió a nosotras Codés, un año más joven que yo, como no sabíamos si nos volverían a llamar, también nos pilló sin papeles; pero este año ya sabíamos el camino y fue mucho más fácil, aunque también este año tuvimos dificultades para pasar la frontera.

Tengo un recuerdo vago, como que medio nos perdimos en el monte y se nos hizo la noche, tuvimos que dormir en un caserío, dormimos en un ático todo de madera, y nos dieron de desayunar mermelada de naranja amarga.

Conchi y yo trabajábamos en la cocina y junto con el cocinero hacíamos el reparto de la comida. A mi me gustaba el café con leche y Codés y Conchi preferían unas ensaladas que se las preparaban ellas mismas para merendar. Al estar en la cocina teníamos ese privilegio. Igualmente podíamos guardar tabletas de chocolate, un chocolate más duro y especial que el que se conocía en Navarra, y que lo llevábamos al pueblo al final de la temporada y que a nuestros hermanos pequeños les encantaba. Nuestra llegada para ellos era una fiesta, y también para nosotras, claro está.

Este verano ocurrió una desgracia en las colonias, se ahogó un niño en la playa, vinieron muchos policías, y como nosotras estábamos ilegales, nos mandaron al piso más alto. No nos vieron, fueron unos días de mucho revuelo, y para nosotras muy extraños.

Acabó el verano y la vuelta no fue sencilla. Veníamos unas cuantas por el monte, nos pilló una tormenta impresionante. Tuvimos hasta ataques de histeria. Margarita decía no sabéis lo que es morir en el monte. Sería que ella sí lo sabia… Asun tenía una maleta de cartón que con el agua se rompió, tuvimos que meter sus cosas en nuestras maletas. Vimos humo en unas chozas de pastores, allí fuimos, nos secamos como pudimos, con el calor algunos zapatos se nos encogieron. Nos dieron queso con pan y algo más. Fueron muy amables y continuamos el viaje.

Pasábamos en Francia 4 meses, los meses de verano; cuando volvimos el hermano pequeño tenía un año y el siguiente 4, ya no nos conocía y le preguntaba a nuestra madre a ver quiénes eran esas chicas que habían llegado.

Verano de 1962

Para el año siguiente ya preparamos los pasaportes, tuvimos que ir a Pamplona. La Sección Femenina nos hizo unos exámenes y aparte teníamos que entregar una canastilla para un recién nacido. Teníamos que entregar dos canastillas, pero nuestra madre conocía a una chica de un secretario que había en Azuelo y solo entregamos una para las dos. !No había dinero para nosotras y cómo para entregar dos canastillas!

Ya los viajes a Francia fueron normales, de Nazar a Estella, de Estella a San Sebastián en la Estellesa. En la plaza de Gipuzkoa cogíamos el Internacional hasta Baiona. Todo el día de viaje.

Un día a la semana librábamos de dos en dos, teníamos el día libre para hacer lo que quisiésemos, muchas veces íbamos a los pueblos de los alrededores. Este año se preparó una gorda, yo estaba en la cocina, no me enteraba mucho de lo que ocurría con el resto de chicas. El caso es que me dijeron que todas las que habíamos ido de España nos íbamos de las Colonias. Se habían peleado con las otras chicas francesas. Pili y Fani fueron a hablar con unas monjas de San Juan de Luz, al día siguiente estábamos todas las chicas trabajando de sirvientas en casas particulares. A Codés y a mí nos llevaron a un chalet de un madrileño separado que tenía dos hijos, además había una ama de llaves, otra chica de Burgos y el jardinero. Cuando llevábamos tan solo dos semanas se fueron todos a Madrid a pasar las vacaciones y nos dejaron solas con el jardinero.

Verano de 1963

Yo al año siguiente escribí a las colonias a ver si me admitían de nuevo, argumentando que me había enfadado con la cocinera y a ver si me podían contratar en alguna otra colonia. En vez de la Colonia de Bidart en la playa me contrataron en Cambó, la colonia estaba en el monte rodeada de caseríos y praderas verdes, aisladas de la población. Recuerdo que nos traían todas las mañanas la leche del caserío Larrondo. Para entonces ya me había convertido en una señorita.