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11/11/2010

Forastero en tu pueblo

En los anteriores mensajes he tratado como ven los de las ciudades a los pueblos. Especialmente de aquellos que vienen de vez en cuando al pueblo, y se creen que conocen todos los detalles, y que se han convertido en más pueblerinos que los propios del pueblo. El tema lo he tratado con respeto y sin mucha estridencia. Tal como lo he visto. Podía haber cargado bastante más las tintas, pero la realidad es tal como la he expuesto en los anteriores mensajes.

Ahora, como no,  le llega el turno  a aquellos del pueblo, que un día se fueron a la ciudad y vuelven de vez en cuando al pueblo. Entre los que me incluyo. Por lo que también trataré de dar ciertas ideas pero también sin profundizar en exceso, ya que está bien un poco de autocrítica, pero de ahi al autoflagelado va un abismo. Y menos en este tema.

Al igual que lo hice anteriormente con los anteriores artículos, en los que más de uno nos hemos visto identificados, quiero expresar claramente que no hago referencia a nadie en particular sino que es una reflexión general, por lo que como tengo por  costumbre evitaré las referencias concretas y directas a las personas.

Sin duda los que un día nos tuvimos que ir del pueblo, conocemos de maravilla lo que es un pueblo, no en vano vivimos en ellos los años principales de nuestra vida. Tuvimos la oportunidad de conocer de primera mano todos  los trabajos, conocemos de primera a los habitantes, sabemos llevar las conservaciones, y sabemos qué es lo que cada uno piensa; pero sin embargo, aunque todo eso es imprescindible y sin ello es imposible sentirse cercano y del pueblo en un pueblo,  eso no es todo. Eso ya tenemos los que un día nos tuvimos que ir del pueblo... El tiempo no pasa en vano... y como he dicho en más de una ocasión todo cambia, como creo que decía el filósofo Parménides todo cambia, nada permanece... los pueblos son como el agua que discurre por los ríos que siempre parece la misma pero nunca es la misma. Son varias las circunstancias que influyen en el devenir de los pueblos y también de los ríos...

Gerardo L.

 

07/11/2010

Juventud ( y III)

 

Año tras año venían maestras nuevas. Se fue Satur, llegó Biurrun y luego otras muchas más…

Me fui al Colegio de Estella, tras estudiar dos años con las nuevas maestras, sucesivamente se incorporaron José Miguel, Javi y Pedro a los Escolapios de Estella, Felipe a los Reparadores de Puente la Reina, Valen a Murgia, y más tarde acabada la escuela  Alfredo al Puy de Estella,  María Jesús y Encar a las monjas de Pamplona y Bego a Estella. La educación se convirtió en algo importante, valorada en las casas, y con un tesón envidiable por parte de las maestras jóvenes que se iban incorporando, como Mari Carmen que vivía en Estella, que aunque no coincidí con ella, me sacaba algún que otro domingo a comer a su casa.

La marcha al colegio, como ya lo he descrito alguna otra vez fue traumática. La cual se hacía cada vez más pesada y dolorosa. Sin embargo la  alegría de la vuelta a vacaciones  era indescriptible. El primer año, a pesar de estar en Estella, a tres pasos del pueblo no nos dejaron volver en Semana Santa. Las vacaciones fueron Navidad y las del verano. Para esa edad ya habíamos adquirido todos los conocimientos del pueblo, y nos integrábamos a las labores de nuestra edad sin problema alguno. Cada uno en lo suyo, lo que tocase en cada momento, preparar la molienda, encalar para sembrar, limpiar las suertes y tirarlas, en épocas en que no se conocía la motosierra, segar con la hoz y la guadaña… Lo cual nos venía que ni pintado para ver cuál sería nuestro panorama de abandonar los estudios…

Fuimos cumpliendo años, tanto Félix como Bego… Llegó el momento de trabaja… El pueblo no nos podía acoger a todos.  Nos resistimos a marchar, pero al final no quedó otro remedio. Alfredo y Pedro, se quedaron, el resto unos antes otros después tuvimos que encontrar el  jornal en otros lugares. Unos hemos roto más que otros; pero hasta que sigue uno de los padres o los padres  en el pueblo ahí tenemos un lazo de unión fuerte y es el que hace que no perdamos el contacto con el pueblo en que un día vivimos. Otro cantar será el día que no nos queden los progenitores…

Todos nos ganamos las alubias fuera del pueblo.  Algunos  aunque trabajan fuera, no pierden un fin de semana y las vacaciones las suelen pasar en el pueblo (Valen, José Miguel, Bego). El resto acudimos siempre prestos y alegres en los días señalados, es decir  siempre que podemos.   ¿Quién nos dice que una vez jubilados, no será nuestro lugar de paseos, charlas, lectura, y también como no el lugar donde le demos un poco al zadón y al hacha para que  nuestros huesos no se entumedezcan?  El tiempo lo dirá.

Alguno más que otro se resistió a vivir en la ciudad, pero a la fuerza ahorcan.  

Nazar, y el resto de pueblos de la Berrueza, el mundo rural en general ha sufrido un cambio total. ¿Dónde están aquellas calles sin pavimentar, las zonas con hierba y agua, con zarzas, las tapias pobladas de zarzas donde pacían los caracoles y crecían los pudrimanos? ¿Dónde están las calles sucias,  los ganados sueltos, las gallinas por las calles, algún que otro cerdo revolcándose en las acequias, los rebaños entrando en los corrales, las vacas, los cerdos y los caballos de cada casa? Ya no existen. El cambio ha sido brutal.

El aspecto de las casas también ha cambiado, no todas estaban blanqueadas o revocadas, que va. Los pajares con puertas de madera bastante destartaladas. También el aspecto de las casas han cambiado.  Pueblos que en siglos nada cambiaba, nada variaba, tal como lo habían conocido lo dejaban. Nosotros hemos tenido la suerte de en unos años, cada uno creemos que son los que nos tocó vivir en la juventud, de ver transformarse de un día para otro todo. La hoz dio lugar a la atadora, el tractor y la cosechadora. Una revolución, que cambió el devenir de los pueblos.

Y así entre muchas otras anécdotas se fue nuestra juventud…  y llegaron otras generaciones...

Gerardo

05/11/2010

Juventud (II)

Justo en estos años es cuando la educación tuvo importancia en el pueblo. Angelines, estuvo en casa de sus tíos en Azuelo los tres años anteriores a marchar a las monjas a Valencia, Alfredo del Cayo, estuvo yendo a la escuela de Otiñano antes de ir al Verbo Divino, yo mismo fui durante un largo mes a Azuelo.  Los padres se dieron cuenta de que la educación tenía importancia. Hasta estos años eran mucho más importantes las labores del campo que la escuela. Cualquier excusa era buena para faltar a la escuela. Recoger piedras, subir berzas, ir con el almuerzo o la comida, cuidar los cerdos… Mucho se le ha achacado a la maestra, la Resurre su falta de vocación, y las escasas cualidades para enseñar. Seguramente así fue, de hecho muy pocos fueron los jóvenes que fueron capaces de saber escribir y leer con naturalidad al salir de la escuela a los 14 años; pero no cabe en duda que la aptitud de los padres y el ambiente del pueblo no ayudó en nada a la labor de la maestra.

El caso es que un buen año, la maestra nacida y que vivió siempre en el pueblo y que ejerció durante toda la vida en Nazar, la Resurre,  (ya es curioso que a pesar de ser la maestra del pueblo, nunca se le denomino la Señora Resurre, sino la Resurre), se jubiló ya a una edad muy avanzada; o mejor dicho se le hizo jubilarse, ya que el Pedro, preocupado por la educación de sus dos hijos e hija, y el que luego llegó hizo lo indecible para que se jubilase o la enviasen a otro lugar. El caso es que lo consiguió, y de esa forma los  niños y niñas del pueblo, cuando llegó la edad de 9 o 10 años pudimos ir a estudiar a los frailes y  monjas.

El pueblo con la nueva maestra, Satur, cambió. Los mayores, Juan Antonio, Toñín,  José Mari… iban a la escuela, ya con 18-20 años al atardecer. Nosotros comenzamos a estudiar en serio, y las actividades principales hasta aquel momento de encender la estufa, barrer la escuela, y especialmente limpiar los pupitres hasta dejarlos más limpios que la patena pasaron a segundo plano, para adquirir importancia la escritura, lectura y las cuentas.

Gerardo

04/11/2010

Curiosidades

Presentación de candidaturas para las elecciones al Parlamento de Navarra a las veinticuatro horas del día 23 de abril de 2007.

 

 

 

IZQUIERDA UNIDA DE NAVARRA (IUN) - NAFARROAKO EZKER BATUA

(NEB)

 1. JESUS JAVIER MARTINEZ DE CARLOS

2. AMAYA ALONSO FERNANDEZ

3. MARIA ESTHER RIPA ORTIGOSA

4. ROSALIA VALENTIN GONZALEZ

5. ANDRES CENICEROS URRA

6. MONTSERRAT MARCIAN SAN MARTIN

7. FRANCISCO JAVIER MONTOYA SANCHEZ

8. ANA BELEN IBARROLA PIEROLA

9. CARLOS TORRES ARMAÑANZAS

10. FLORENTINO URRA ARAIZ

11. MARIA JESUS LACALLE ANTOÑANA

12. AURELIO RICARDO ARANSAY UGARTE

13. AGUSTIN JOSE SATRUSTEGUI MAEZTU

14. MARIA PUY ABARZUZA LUQUIN

15. ANSELMO LOPEZ OSCOZ

16. MARIA CARMEN PUEYO BASTERRA

17. MOISES ANDUEZA BARRENECHEA

Suplentes:

1. SILVERIA HADJERIOUA GARCIA

2. JUAN LUIS GAVIRIA CIRIZA

3. FERNANDO RONCAL ARAMENDIA

 

01/11/2010

Juventud - Nazar (I)

En Nazar,  como en la mayoría de los pueblos de la Berrueza,  por los años 1955-1965, años en que muchas familias habían marchado a las ciudades,  fuimos tan pocos niños y niñas que desde muy pequeños hicimos la vida juntos, recorríamos las calles, rompíamos las bombillas de las esquinas,  jugábamos todos juntos.  No voy a decir que de vez en cuando no existiesen nuestros más y nuestros menos; pero sí que tengo que decir que fueron la excepción. No en vano nos llevábamos bastantes años por lo que como lo hacen los animales cada uno ya sabíamos con quién no nos podíamos meter, y quienes eran los que imponían el poder físico. En definitiva que las peleas y los encontronazos entre nosotros fue la excepción. Y conste que no es la lejanía del tiempo el que me hace decir esto que hoy parece un poco idílico y hasta un poco raro entre los niños de un pueblo bastante salvaje. Pero creo que esta fue la realidad, por ejemplo Alfredo y yo nos llevamos seis meses, pero a pesar de ello nunca recuerdo que riñésemos. Lo mismo puedo decir entre el resto de la cuadrilla.

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En el sentido contrario, los únicos recuerdos que tengo son dos anécdotas, una la frase que iba repitiendo por las calles del pueblo el día anterior de cumplir los cinco años, mañana cuando cumpla los años le podré a la Tere, ya que creía que la fuerza de todo el año se recogía el día de cumplir los años. No me acuerdo si ese día reñí o no con la Tere. Tal vez ella se acuerde que es un poco mayor que yo. Y la segunda, la vez que Félix agarró del pelo a José Miguel y le quitó un mechón de su pelo rubio...

  Todo el grupo (Félix, Alfredo, José Miguel, Javi, Pedro, María Jesús, Encar, Bego y yo) fuimos creciendo alrededor del redajo que bajaba por la picota, allí pasábamos las mañanas haciendo las pozas con piedras, barro y cebollines de hierba, jugando al hinque o construyendo alguna cabocha.

 

 Desde muy jóvenes, desde niños ayudamos a nuestros padres en las tareas cotidianas, todos en las labores del campo, en la leña, y en las obligaciones cotidianas de dar de comer a los animales, llenar las pajeras, y otras actividade de ese tipo que nos eran encomendadas desde muy niños. Otros, los hijos de los pastores se las debían de ver  con las ovejas y las cabras, vimos esquilar a los mulos y burros, marcar las ovejas, estuvimos presentes en la matanza del cerdo, vimos despellejar a conejos y zorros, matar gallinas y palomas;  acudíamos al herrero, y con la tajada al veterinario. Desde muy jóvenes entramos a formar parte en la economía de las familias. Ayudamos a desplumar pajarillos y gallinas, además de ayudar a nuestras madres a doblar las sábanas y a enmadejar los ovillos de lana.  

Creo que en ninguna casa pasamos hambre, en todas las casas teníamos pan suficiente, aunque tampoco sobrase. El pan era un alimento sagrado, si por cualquier circunstancia se caía al suelo, al recogerlo se debía besar, me imagino que como un acto religioso.  Se trataba de familias con varios hijos e hijas, en la mayoría también vivían los abuelos.

Gerardo