29/09/2009
Escuelas Pías
Fueron años en que no paraba de llover, los partidos los jugábamos en el campo completamente embarrado. Los días que no se podía jugar a fútbol, y ya nos habíamos cansado de jugar a pala en el frontón un grupo de cinco alumnos nos calzábamos las botas de monte y nos poníamos el chubasquero y nos recorríamos los montes de los alrededores. El Txindoki era nuestro hobby. Lo subíamos desde todas las laderas, una de las rutas que más me gustaba era la de Amezketa, con unas cascadas de cola de caballo impresionantes y las vagonetas de la antigua mina colgadas entre las peñas. Recuerdo un sábado con una nevada de más de medio metro que un grupo de ocho nos fuimos desde Orendain hasta San Miguel de Aralar, la vuelta andando no la hicimos más que cuatro, el resto bajo hasta Huarte Arakil en busca del tren.
Llegó el momento de realizar COU, comenzamos el curso Yániz de Desojo, Iza de Etxarri Aranatz, García de Eulate de Eulate, Barguilla de Iruñea, Esparza de Tirapu, Etxegarai de Muniain de la Solana, y yo de Nazar. Curso que resultó del todo interesante, por de pronto las clases fueron mixtas. La clase se llenó de chicas que venían del colegio de monjas. Estoy casi seguro que no fuimos nosotros los más abochornados con este principio de curso tan inesperado. De todas formas el curso se presentaba prometedor, y lo fue en todos los sentidos. Fue un año de gran confusión. A varios, por no decir a todos los aspirantes a curas nos invadieron las dudas. ¿Tendríamos la suficiente vocación para seguir de sacerdotes? ¿O era un espejismo que nos lo habíamos creído sin hacer una profunda reflexión? Fueron meses de bastante tensión en los que los padres que teníamos al lado nos apoyaron en todo momento, sin aturdirnos en exceso y aconsejándonos con recomendaciones apropiadas, por ejemplo a mí, una vez acabado COU, me recomendaron que fuese un tiempo fuera y que siempre tendría las puertas abiertas…
Gerardo L.
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28/09/2009
Escolapios
Los padres nos hacían ver la realidad de la sociedad. La existencia de la pobreza y las calamidades. Fomentaban el gusto por la música y la lectura. Todos los fines de semana reservábamos un tiempo para audiciones de música clásica, y también de música más moderna. Vivíamos conectados con la sociedad del momento, o por lo menos eso nos parecía.
Los profesores en su gran mayoría no eran curas, la excepción eran los curas. Recuerdo a Marcelino, profesor de francés, tal vez el profesor más revolucionario por la forma de dar las clases y por sus explicaciones fue Celorrio, encargado de impartir lengua y literatura que nos cautivaba con las historias del Arciprestre de Hita, las novelas de Cervantes… por lo menos a mí.
Entre los curas, como no citar al coco, verdadero coco para algunos, pero que nunca sobrepasaba la línea que llegase a herir moralmente a los alumnos. Un verdadero psicólogo de la educación, y un gran pedagogo, profesor de matemáticas. No es lugar para citar a todos, pero citaré a Artola, Berdonces, Lesaga, los hermanos Lezaun, Arsuaga… todos ellos cercanos a la doctrina social de la Iglesia. Casualidades de la vida los primeros cursos el profesor de gimnasia seguía siendo un militar, no recuerdo su graduación.
No todo fue un camino de rosas, pues la vida de aspirante a sacerdote tenía sus dificultades, y más de una vez nos preguntábamos y nos preguntaban los encargados de nuestra preparación por nuestra vocación. Una vez al año pasaba el padre Provincial, el cual conversaba unos minutos en solitario con cada uno de nosotros. No era fácil discernir si verdaderamente teníamos la vocación que se nos pedía. Si estábamos dispuestos a comprometernos con la vida sacerdotal, pero todas estas vacilaciones y preocupaciones nos llegaban con cierta naturalidad. Éramos nosotros mismos los que nos planteábamos si realmente esa era la vida que queríamos seguir.
Fuimos pasando los cursos, algunos compañeros nos fueron dejando Monreal, Remirez, Quintana… Los fines de semana los pasábamos en Orendain, teníamos las puertas abiertas para salir al pueblo, a los prados, a pasear por la carretera y por los caminos. A pesar de ello, no teníamos relación con la población. Es más no fuimos capaces de aprender ni una sola palabra de euskera. El único contacto que tuvimos con los habitantes fue alguna vez que acudimos a tomar algo al bar, en algún cumpleaños de alguno del grupo, y dos o tres veces que apareció un grupo de chicos y chicas del pueblo y seis o siete del colegio nos pusimos a jugar con ellos en el campo de fútbol, por lo que fuimos reprendidos y se acabó toda la relación con los jóvenes del pueblo.
En el aspecto de los estudios ninguno teníamos problemas, teníamos todo el tiempo del mundo para preparar los exámenes, y al estar en grupo nos apoyábamos los unos a los otros. Fue el momento en que nos aficionamos a la lectura, aunque los libros de la biblioteca no es que fuesen muy recomendables, aunque si que existía una sección de aventuras y novelas recientes, aunque bastante censuradas. Pero también se nos permitía tener libros particulares, siempre bajo el control de los curas de la comunidad. Recuerdo haber leído los libros de Martin Vigil, Papillon…
Ikazkina
19:58 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
25/09/2009
Orendain
Los patios del Colegio no tenían puertas, todo estaba abierto, el campo de fútbol era de tierra, el frontón cerrado y bastante hermoso. Se respiraba una libertad, una tranquilidad y un sosiego que aunque el ambiente no se parecía a nada al pueblo navarro del que iba, había ciertas similitudes que me inspiraron una confianza y una serenidad nada habitual el primer día de haber dejado el pueblo.
Teníamos una huerta, cuidada con esmero por el padre más anciano de la comunidad. En el Colegio estábamos unos 60 alumnos y 6 curas.
Desde el primer día me di cuenta de que no tenía nada que ver con el colegio de Estella, a pesar de tratarse de la misma comunidad. Se respiraban otros aires bastante más liberales. Los estudios los realizábamos con el resto de los alumnos del colegio de Tolosa, en los dos edificios que tenían en la plaza del triángulo, lo que hoy es la casa de cultura y unos edificios modernos que dan al río Oria. Todas las mañanas subía un autobús con los colores y el escudo de la Real Sociedad. Una vez en Tolosa, cada uno nos distribuíamos en la clase que nos había correspondido, como un alumno más del colegio, sin privilegios ni desventajas. Una vez acabadas las clases teníamos tiempo para pasear por las calles de Tolosa, para hablar con la gente, y especialmente los lunes acudir a la plaza del ganado para ver las vacas y los utensilios de los vendedores que se apostaban en los arquillos de la plaza: rastrillos, hoces, horcas, azadones, layas… A las cinco de la tarde nos recogía de nuevo el autobús y nos subía al colegio de Orendaín, donde todavía teníamos una hora y media para hacer deporte, y el resto del tiempo para oír misa, estudio, cenar y las oraciones.
El régimen implantado por la comunidad de padres era de lo más liberal y progresista que se podía esperar por aquellos años del franquismo. Existía plena libertad para exponer nuestras dudas, nuestras vacilaciones y nuestras pedradas. Se acabó el oscurantismo, el miedo y los castigos sin sentido. Se impuso el razonamiento, la cordura y la lógica. Todo se podía discutir. Nuestras lecturas y las lecciones que recibíamos estaban basadas en la filosofía del Concilio Vaticano II.
Sin embargo no fue sencillo despojarnos de todo lo que se nos había inculcado en el seminario de Estella. No fue un cambio radical, si no que fue un proceso bastante largo, y que no todos pudimos desprendernos de las ideas y de lo aprendido en el colegio de Estella. En cierto modo no todos estábamos preparados para romper con todo un pasado que había calado hasta lo más hondo de nosotros. Y por otro lado, tampoco pensemos que la vida en un seminario por muy liberal que fuese, no estaba limitada por una serie de principios que estaban claramente definidos. No olvidemos que estábamos preparándonos para ser futuros sacerdotes.
Katagorri
18:06 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
23/09/2009
Tolosa
Finalicé el tercer curso sin problema alguno, ni en las notas ni tampoco en lo que respecta a las expulsiones que seguían siendo habituales tanto durante el curso como especialmente con la llegada de las vacaciones.
Llegó el momento de hacer el cuarto curso. Dejamos Estella por Tolosa, mejor dicho por Orendain, un pueblo precioso en las estribaciones del Txindoki. El viaje fue una odisea, de Nazar a Estella, allí cogí la Estellesa para San Sebastián, el viaje duraba casi tres horas. La primera vez que atravesaba la línea de Abarzuza, pasé claro está con el autobús por Ibiricu, al lado de Lezaun, seguimos carretera arriba, atravesamos interminables cercas de piedras con vacas y caballos pastando. Un terreno y un clima que me era del todo desconocido. Llegamos a las ventas de Lizarraga, el túnel, la bajada inacabable con sus curvas de 90 grados del puerto, atravesamos el pueblo de Lizarrabengoa, llegamos a Etxarri Aranaz, donde mi madre tenía unos tíos y primos. Me llamaron la atención las casas unifamiliares de la entrada de Etxarri, y a la salida el paso de las vías del tren. Y de nuevo a ascendimos otro puerto estrecho y cerrad, Lizarrausti, en la cima del puerto nos encontramos con un bar una casa de camineros con un letrero encima de la puerta con estas palabras grabadas:Diputación de Gipuzkoa. Nos adentramos en Gipuzkoa, por Ataún, un pueblo alargado, un barrio, otro y otro más… por fin pasados los pueblos de Lazkao, Beasain, Ordizia, Itsasondo, Legorreta, Ikaztegieta, para llegar a Alegia, donde me bajé en el arcén de la carretera.
De allí me dirigí andando cuesta arriba con una maleta hacia Orendain. Pasé tres curvas, el primer coche que pasó me cogió y me subió hasta el mismo Colegio. Fue un seiscientos blanco, un señor de pelo también blanco con un acento extrañísimo y que no acababa las frases. Al convento vas pues, me dijo. Sí le contesté, y después me estuvo comentando que nosotros si que vivíamos bien, todo hecho y sin preocupaciones. Asentí a todo sin entender en exceso de lo que me quería decir. No fue la única vez que me cogió este señor a dedo en su seiscientos.
Curvas y más curvas cuesta arriba entre arbolado, por fin se abrió el paisaje, aparecieron los caseríos al lado de la carretera, construcciones enormes y bien cuidadas, rodeadas de árboles frutales, especialmente manzanos, y todo verde. Verde y más verde, con sus ovejas, caballos y vacas pastando. En la cima se veía una iglesia y cinco o seis casas juntas. Le pregunté eso es Orendain. Me dijo todo esto es pues Orendain, queriéndome decir que los caseríos por los que estábamos pasando también eran Orendain. Me dejó en la entrada del Colegio.
Primera sorpresa no había puerta, todo estaba abierto, el Colegio estaba en el extremo occidental del pueblo, en la cima, desde donde se divisaba toda la parte occidental del valle. Baliarrain, Gaintza, Abaltzisketa, Larraitz y al fondo a escasos cuatro kilómetros el majestuoso Txindoki. Qué cambio! la jaula de Estella a los campos abiertos de Orendain.
Ikazkina
21:14 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
22/09/2009
El día del Carbonero (Lana)

Quiero felicitar al Valle de Rusia (Lana), y en especial a los vecinos de Biloria por la organización tan perfecta del día del carbonero, que tuvo lugar el 8 de agosto de este año de 2009. No pude acudir, la verdad es que últimamente tengo bastante repleta la agenda; pero si que he seguido muy de cerca lo acontecido por los medios de comunicación.
Tan solo tengo una crítica, por lo que he visto en la prensa los carteles, las pancartas, los rótulos de los instrumentos empleados para hacer el carbón estaban todos en castellano. Ya sé la situación lingüística del valle, ya sé que la lengua vasca se perdió en ese valle hace algún siglo, tampoco penséis que hace tantos. Ya sé que bastante habéis tenido con organizar con detalle, esmero y tesón todos los acontecimientos. Pero especialmente tratándose de un oficio en el que sin duda los carboneros de nuestra generación se mezclaban con carboneros euskaldunes, como le tenía oído a mi padre, y que todavía conservan varias palabras en el oficio de hacer carbón en euskera, y especialmente porque los carboneros del siglo XVIII y hasta los del siglo XIX de estos valles hablaban en euskera se debería haber hecho un esfuerzo para haber organizado las exposiciones, los carteles y las pancartas también en la lengua vasca. A ver si para la siguiente edición es así. Aunque no sea un especialista podéis contar conmigo, que seguro que encontraremos un grupo de preocupados por la lengua de nuestros antepasados con lo que podremos mejorar este aspecto.
Esta apreciación (si es que es así, que ya sabéis que el que habla por segundas voces tiene más posibilidades de equivocarse) no devalúa para nada el día, que se desarrolló con un éxito de gente total. Felicidades pues.
Joarkide
13:11 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
21/09/2009
El Convento
La media de edad de los curas era bastante alta, en realidad no existía una gran diferencia en la forma de actuar entre los jóvenes y los de más edad; ya que todos nos parecían de edad avanzada, ya que no existía disparidad entre ellos a la hora de poner castigos o de dar las azotainas. Especialmente en las clases es donde más sufríamos los traumas de nuestros educadores, ya que la educación se basaba en la competitividad entre los alumnos. Entre los profesores, sin duda, destacaba por su salvajismo el profesor de Gimnasia, el único que no sacerdote, se trataba de un sargento del destacamento del cuartel de Estella, nos trataba peor que a los mulos de su destacamento. En cada clase acabábamos un par de alumnos sangrando de las narices, debido a los estacazos que nos arreaba.
El padre Félix, que no pasaba de los treinta años, se destacaba por su mojigatez y su conservadurismo. A pesar de ser de Tolosa y de apellidos euskaldunes, de sus labios no salió ni un solo agur, kaixo, zer moduz… o palabras semejantes en los cuatro años que coincidí con él. Lo cual tampoco era nada extraño para los tiempos en que vivíamos. Hora tras hora se pasaba de un lado para el otro del patio, rodeado de una veintena de alumnos tan tradicionales y ñoños como él, entre los que me encontraba yo oyendo sus gansadas.
De todas maneras, si el trato físico rayaba en los malos tratos, todavía tenía más influencia el trato moral. Como ya he dicho anteriormente, los educadores habían conseguido inculcarnos su forma de pensar, de manera que hasta creíamos a pie juntillas que nosotros éramos los culpables de las desgracias que ocurrían a nuestro alrededor, por no seguir el camino que el Señor nos había trazado o por haber cometido alguna falta irreparable. Los pecados más graves eran los relacionados con el sexo, pero no los únicos, como veremos en adelante.
Para los padres, y claro está también para nosotros el mundo estaba corrompido, el mal campaba en el exterior. El demonio se aprovechaba de todas nuestras debilidades, sus mejores aliados eran los comunistas y las mujeres. He aquí el caso de un chaval de un pueblo de la ribera Navarra, recién llegados de las vacaciones de Navidades no tuvo mejor ocurrencia que enviarle a una amiga una postal en la que dibujó un corazón con los nombres de ambos. Ipso facto fue expulsado, para escarmiento y escarnio del resto de los postulantes, aspirantes a sacerdotes. Por todos los medios debíamos evitar coincidir con las chicas, hasta se nos prohibía hablar con ellas, claro está estas recomendaciones eran para la época de vacaciones, ya que en el colegio las únicas mujeres que tenían acceso eran las dos limpiadoras del comedor.
Igualmente tampoco se nos permitía acudir a las celebraciones festivas, es más a mi hermano no le permitieron asistir a las bodas de nuestra hermana la mayor celebradas en Logroño, debido a que esas conmemoraciones no eran idóneas para los que un día seríamos sacerdotes.
Especialmente los pecados relacionados con el sexo eran lo que estaban considerados como pecados mortales. Los que como mínimo llevaban el castigo de ser echados a las calderas de Pedro Botero para toda la eternidad. Los hechos normales de niños de pueblo de 6 a 10 años eran considerados por los curas como las mayores aberraciones, que de no confesarlos nos encaminaría de cabeza al fuego del infierno. Todas estas historias cercanas contadas en un ambiente especial desde el púlpito, hicieron que nuestras conciencias quedasen modeladas a los gustos de nuestros instructores. He aquí alguna de estas historias. Sucedió a principios del siglo XX, en un pueblecito de Polonia, nos exhortaba el cura desde el púlpito, se trataba de dos hermanos gemelos, los dos eran buenos cristianos, que ayudaban a sus padres y cumplían minuciosamente con la doctrina cristiana. Tal era así que eran la admiración y el ejemplo del resto de los niños y niñas del pueblecito. A los 14 años debido a una desgracia familiar, volcó el remolque en que iban murieron los dos. Uno fue directamente al cielo, el otro sin embargo, para desconsuelo de su hermano, fue enviado directamente al infierno, debido a que no se había confesado un desliz que había cometido en su niñez.
Todos los pecados no eran iguales, aparte de los relacionados con el sexo, nosotros los aspirantes a curas, teníamos otro tipo de faltas que eran consideradas tan graves como los cometidos contra el sexto mandamiento. Y era precisamente, que habíamos sido elegidos para ser los salvadores del mundo por el propio Dios, con lo que romper esa unión se convertía en el pecado más grave y abominable que podíamos cometer. Un jueves un muchacho de Sema decidió dejar el camino del Señor y volver a su pueblo, con sus padres, hermanos, amigos…, con tan mala suerte que la Estellesa en la que iba a la altura de Allo, en una curva se salió de la carretera y tuvo un accidente grave. El accidente tuvo eco, como era lógico en toda la merindad de Estella, pero en el Convento la versión de los curas fue que el responsable y causante del accidente fue el chico de Sesma por haber desobedecido los designios del Señor.
Gerardo Luzuriaga
21:45 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
El sabado en la plaza del Castillo
E
ste sábado se ha llevado a cabo una protesta en contra de la autopista eléctrica en la plaza del Castillo de Iruñea. Más de doscientas personas de LIZARRALDEA se unieron para protestar por la línea de alta tensión. Dos grandes pancartas ayudaron a reivindicar el mantenimiento de los pueblos sin contaminación... El movimiento sigue... Ànimo, parece que vamos por buen camino...
12:39 Permalink | Comentarios (0) | Email esto
16/09/2009
El Colegio
En cuatro años pasamos de tres clases a una, ya no quedábamos mas que unos más que 30 postulantes para realizar el tercer curso. La vuelta de vacaciones por razones que no recuerdo fue más fuerte que de costumbre. Sentí la misma sensación de vacío que había sentido las anteriores veces, pero con un grado más agudo. Más que la falta de los objetos materiales que también eché en falta: el pueblo, los amigos, la familia, la casa, los animales… sentí un vacio espiritual, un estado de ánimo en el que nada tenía sentido.
Al comienzo de este tercer curso me nombraron enfermero, con dos ayudantes. Cargo que tenía un gran prestigio en el colegio y una gran responsabilidad, lo que significaba la gran confianza que habían depositado los curas en mí. El hermano Emiliano era el responsable de la enfermería, el cual recetaba los medicamentos y administraba las dosis a cada enfermo. Rara vez acudía el médico. En todo el año recuerdo que nos visitó en dos contadas ocasiones. El control de la fiebre, el resto de cuidados a los enfermos, el reparto de las medicinas, el recuento diario de los enfermos que se quedaban en cama, y la distribución de las comidas a los enfermos… estaban bajo mi control.
La falta de libertad, el orden y la obediencia eran las reglas del colegio, en detrimento de la lógica y el razonamiento. Sin obediencia no se podía llegar a ser un buen sacerdote; aunque os manden barrer las escaleras de abajo para arriba hay que hacerlo, sin pensar en las razones por las las habían ordenado, nos repetían una y otra vez nuestros educadores. El caso es que este régimen tan enrarecido no se circunscribía solamente a los postulantes, si no que igualmente se aplicaba también a los miembros de la comunidad. Por lo que no es extraño que para los alumnos no existiese diferencia entre los curas que formaban la comunidad del convento, aunque en el fondo tuviesen ideas completamente diferentes.
Nuestras conciencias estaban enfermas. Los curas habían conseguido inculcarnos sus traumas. Teníamos prohibido meternos las manos en los bolsillos, dormir con las manos debajo de las sábanas. Ni los pensamientos se libraban de la persecución, los pecados por pensamientos impuros también eran considerados pecados mortales, el razonamiento era sencillo, los pensamientos reflejaban los deseos que teníamos en la realidad. En este ambiente viciado e irrespirable se nos hacía imposible llevar una vida tranquila y normal, la que debería corresponder a niños de 10 a 13 años.
Los sermones, especialmente los de Semana Santa nos retrotraían a épocas medievales, donde la muerte era la protagonista, y se nos repetía una y otra vez la inutilidad de vivir siempre bajo las reglas del Señor, si en el momento más importante, la hora de dar cuentas, la muerte nos pillaba de improvisto y en pecado. Debíamos de aprender del buen esclavo que siempre estaba presto a la llegada de su amo.
Las lecturas de las tardes del mes de mayo, no desentonaban para nada con los sermones de Semana Santa, pero estos con un cierto cariz de santidad pueril y del todo simplones.
Joarkide
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15/09/2009
Berriak
Desde ayer el ayuntamiento de Mirafuentes (Iturriaga) tiene la competencia para autorizar los matrimonios civiles que correspondan a esta Alcaldía hasta el día treinta de noviembre. Atzotik Loli Lezak ezkontza zibilak baimentzeko eskumena dauka.
Igualmente se publicó en el boletín del ayer, 14 de septiembre la subasta de parcelas comunales de Otiñano, para el 3 de octubre. Halaber atzoko Nafarroako Aldizkari Ofizialean Otiñanoko laborrantzako herri lurzati berezien enkantea argitaratu da.
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14/09/2009
Eskolapioetan (IV)
Ordurako 30 ikasle baino ez geunden gure mailan, denok gela batean. Herritik bueltatzean herriko minak jota nengoen. Galdetuz gero, zeren falta nengoen, ez nekien zer erantzun. Zentsazio material eza baino gehiago espiritual eza baitzen. Haize falta, dena eta ezerren falta zentsazioa neukan. Indarrik gabe, gogorik gabe nenbilen. Ez zen herria, ez zen herriko jendea, ezta animalien falta neukana, hori eta askoz gehiago zen. Dena berdin zitzaidan, zer demontre egiten nuen leku arrotz horretan galdetzen nion neure buruari?
Hirugarren kurtsoan erizain nagusia izendatu ninduten. Bi laguntzaile neukan. Ardura handiko eta prestigiozko lanpostua zen, apaizen konfiantza neukan seinalea zen . Emiliano anaia zen eritegiko arduraduna, medikua oso gutxitan zetorren. Urte osoan hiru aldiz baino ez zen agertu. Gaixoen sukarra, eta gaiontzeko sainketak gure esku zeuden. Anaiak errezetatzen zituen medizinak, eta ni nintzen emateko ardura neukana.
Askatasunik eza, ordena eta obedientzia ziren urrezko arauak. Logika eta arrazonamientuak ez zeuzkan lekurik ikastetxe berezi horretan. Esandakoa egitea zen beharrezkoa bezain ezinbestekoa. Agintariek eskailerak behetik gora garbitzera agintzen balute ere horrela egin behar zen, ezer gehiago pentsatu gabe. Horrelako arauak ez ziren soilik ikasleentzat, baizik eta komunitateko apaizak ere arau horien mende bizi ziren. Beraz, ez zen harritzekoa, apaiz guztiak ikasleentzat berdinak iruditzea, agian ideologiaz eta ideiaz desberdin izan arren.
Kontzientzia gaixotarazi gintuzten, debekatuta geneukan eskuak poltsikoan eramatea, lo egitea eskuan estalita izaren artean. Pentsamenduak ere ez ziren libratzen, pentsamenduko pekatuak ere larriak ziren, ametsak ere pekatuak ziren, baizik eta sexuaz amesten bagenuen buruan bageneukala edo pentsamenduek ordezkatzen zituen ideiak irrikitzen geunden seinalea baitzen. Gauzak horrela pekatuan ez bizitzea zaila zen, eta egoera horretan hilez gero, zuzenean infernura joateko beldurraren mende bizi ginen.
Apaizen sermoiak, batez ere iluneko eta beldurreko Aste Santuko sermoiak beldurgarriak ziren, gehien aipatzen zuten hitza heriotza zen. Edozein unetan etortzen zena zen. Alferrik zen, portaera ezin hobea bizitza osoan eramatea, Jainkoak deitu ziguten une berezi honetan, pekatuan izanez gero, nahikoa zen betiko infernura joateko.
Maiatzaren arratsaldeetan santuen bizitzen liburu batetik apaizek antzerako istorioak irakurtzen zizkiguten.
Bataz besteko apaizen adina altua bazen ere, denok ziruditen berdinak, gazteak nahiz zaharrak, denek ematen zuten zaharrak; zigorrak jartzeko eta jipoiak emateko uneetan batez ere. Klaseak ziren apaizen erreinua, ikasleen arteko leihaketan oinarritzen baitziren. Irakasleen artean Soin Hezkuntzakoa zen okerrena, armadako sarjentua zena, apaiza ez zer irakasle bakarra, hain zuzen ere. Gimnasia armadako soldaduak izango bagina ematen zigun. Arrunta zen saio bakoitzean bi edo hiru haur odolaz bukatzea, apaizen bozkariorako. Animaliak izango bagina bezala tratatzen gintuen astapotro horrek.
Aita Felix zen patioan gehien zebilena, ia-ia atseden guztietan bera zegoen zaindari leku batetik bestera. Gaztea izan arren eskuindarra bezain atzerakoia zen. Tolosakoa eta abizen euskaldun peto-petoak eduki arren, agur hitza ere inoiz ez zigun esan. Patioan alde batetik bestera, zaindari zebilen, hogeiren bat apaizgairen inguratuta, ni barne, bere ganoragabeko azalpen sinpleak entzuten.
Ikastetxean jokaera fisikoa bortitza bazen, zer esanik ez jokaera moralean, bererganatuta geneukan jasoten genituen ezbeharrak Jainkoarekiko jarrera desegokia eduki izanagatik zela. Errua gurea zen. Munduan edozein ezbehar gertatuta ere, gu ginen errudunak, ezbehar horiek harreman zuzena bazeukatela gure portaera txarrarekin. Benetan ez zen erraza filosofia hortatik at bizitzea, barru barruraino sartarazi baikintuztelako. Ezbairik gabe kontzientzia zorrotzegi eta gaixoturik sartarazi gintuzten. Pekaturik larrienak sexuaren gainekoak ziren, baina ez bakarrak, jakina.
Apaizentzat, eta baita guretzat ere mundua ustelduta zegoen, kanpoan gaitza erabat zabalduta zegoen. Deabrua azkarra zen, eta bere bitartekaririk onena emakumea zen. Otsailean aldean Nafarroako erriberako ikasle bati bururatu zitzaion bere herriko neska bati postala bidaltzea, margotuta omen zuen bihotza, postala harrapatu eta egun berean ikastetxetik bota zuten, ikasle guztien eredua izan zedin. Deabruak gure adineko neskak erabiltzen zituen gu Jainkoaren bidetik ateratzeko; beraz, edozein eratan neskak ekiditu behar genuen, areago, haiekin hitz egitea debekatuta geneukan. Gizartea eta gizartearen eginkizunak hain ustelduta zegoen non anai-arreben ezteien eginkizunei joatea ere debekatuta geneukan. Nire anaia txikiari gertatu zitzaion bezala. Ahizpa zaharrena maiatzaren bigarren larunbatean Logroñon ezkondu zen, ezteiera joateko baimena eskatu arren, ezkontzen eginkizunetan apaizgaientzat giro desegokia zela argudiatuz debekatu zuten joatea.
Bereziki sexuriko harreman zeuzkaten pekuatuak larrienak ziren. Pedro Boteroren lapikoetan sartzeko modukoak. Herriko sei eta hamar urteko mutilen ohiko gertaerak -neskei kuleroak ikustea, nesken ipurdia ikutzea, muxuak ematea, edo medikutara jolastea…- apaizen hitzetan pekaturik larrienak bihurtu ziren. Pulpitutik botatako istorio hurbilak kontzientziak gaiztotu zizkiguten, harik eta herriko ohiko gertaerak pekatu larri bihurtu arte. Hona hemen, kontatutako istoriotsu batzuk, mende hasieran Europako Ekialdeko herri txiki batean bi bikiak jaio ziren, biak ezin hobeak ziren, biak bizitza osoan jaunkoaren arauak hitzez hitz bete zituzten, herrian eredutzat hartu arte. Hamalau urtekin ezbehar baten ondorioz biak hil ziren, bata zuzen zuzenean Jainkoaren eskuinera eraman zuten, bestea berriz, txikitan egindako pekatuagatik, eta konfesatu ez izanagatik betiko infernura bidali zuten, bere anaiaren atsekabez.
Pekatu guztiak ez ziren berdinak, sexuarenaz aparte, Jainkoaren helburuari uko egitea parekoa zen. Hautatuak izan ginenok ezin genuen huts egin, gizartearen gatza izango ginenok ezin genuen Jainkoak aukeratutako bedeari uko egitea. Sesma herriko mutil batek ostegun batean ikastetxea uztea erabaki zuen, arratsaldeko autobusa hartu zuen, Allo herriko bihurgune batean autobusak irauli egin zuen. Istripua entzuguratsua iza zen Lizarraldeko eskualde osoan. Ikastetxean berriz, apaizen aldrebeseko azalpenak jaso behar genituen Sesmako apaizgai horrek Jainkoaren xedea egin ez izanagatik gertatu zen autobusako istripua. Harik eta mutil horren kontzientziaren gainean istripuan sortutako hildakoak jarri arte, egun hortatik aurrera ikasleak markatuta gelditu ginen.
Gerardo L.
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