09/09/2007
Emakumea (I) / La mujer (I)
Aniceta, Gregoria, Josefa, Patrocinio, Hermenegilda, Seberiana, Julia... Puy, Josefina, Teresa, Felisa, Lucía, Paz, Pilar, Nieves, Ángeles... Dos generaciones de mujeres del pueblo distintas que coincidieron en llevar el mismo modo de vida.
Cirila, María, María Paz, Concha, Antonia... mujeres de José, Fortunado. Pedro Mari, Màximo, Miguel... mujeres de labradores y pastores del pueblo.
La jornada de todas estas mujeres (y las del resto del pueblo) comienza muy de mañana, antes del amanecer, cuando menos a las seis de la mañana, y siempre media hora antes que sus maridos se pongan en marcha.
María (como cualquier mujer del pueblo), la mujer de Fortunato, nada más levantarse acude a la gavillera en busca de abarras, ramas secas y delgadas que conservan las hojas secas, muy útiles para prender el fuego. Sube al pajar a por un buen montón de astillas, que deja al lado del fogón. Se lava la cara y se peina. Prepara los tazones para el desayuno de los dos cuñados solteros y de su marido, a la vez que arrima a la chapa del fuego los pucheros de la comida ya casi preparados la noche anterior.
Para cuando Fortunato se despierta ya le tiene preparado un perol con agua caliente, el jabón y la brocha de afeitar, pues hoy es jueves y Fortunato tiene la costumbre de rasurarse la barba todos los jueves y domingos, especialmente los jueves que va a Estella a vender las escobas de biércol. Esta semana hará una excepción y no acudirá al mercado de Estella.
María coge un puchero vacío , se calza las albarcas, se pone por encima un abrigo que se encuentra colgado de un clavo junto a la puerta de salida de la casa y sale hacía el pajar donde guardan las gallinas, los conejos, una cerda y las dos cabras. Ordeña en un periquete las dos cabras. Vuelve de nuevo a casa y pone a cocer la leche recién ordeñada. Los hombres desayunan en los tazones café con leche con sopas.
María echa tres astillas grandes al fuego, aparta la cazuela principal del fuego, cierra el tiro y se dirige de nuevo al pajar. Ya ha amanecido. Parece que el día será bueno, caluroso. Abre la puerta del pajar, por las que salen el gallo y las gallinas a picotear por los alrededores del pajar. Se acerca a las conejeras, les echa un puñado de lechocinos que había recogido la semana anterior junto al camino de mataverde. Llena los bebederos y por fin suelta las cabras que bajan ellas solas a la picota donde espera el pastor de las cabras, ya casi con el rebaño completo.
Vuelve de nuevo a casa. Se calza unas zapatillas viejas, cuelga el abrigo en el clavo de junto a la puerta, y coloca las albarcas encima del mueble en el que los hombres tienen algunos utensilios de tamaño no muy grande, como el hacha pequeña, dos hoces para cortar la maleza de alrededor de la casa, una caja con puntas, clavos y el martillo.
Da una vuelta por los cuartos de los padres de Fortunato y de los niños. Sigilosamente mira desde la puerta, la madre duerme plácidamente, el padre ya hace horas que carraspea y se le oye dar vueltas en la cama. Los niños duermen apaciblemente.
Los hombres ya han desaparecido de la cocina. María lleva los cacharros del desayuno a la fregadera. Prepara las alforjas que llevarán al campo. Hoy vendrán a comer, abre el cajón del armario y mete medio pan , un buen casco de chorizo y medio queso blando en una tartera y coloca todo en las alfojas. Mete una botella de vino y otra de agua cada una en un lado de las alforjas, las deja colgads de una punta que sobresale de la viga del pasillo, al lado de la alacena donde se guardan las hachas. Coge una cebolla, unos pimientos y cinco guindillas verdes, un puño pequeño de sal gorda que la envuelve en un trozo de papel de periódico y coloca todo dentro de las alforjas.
Ya se oyen los perros en la calle de abajo, María se asoma a la ventana y ve como los cuñados están ya ajustando la cincha al caballo. Ya están listos para marchar al tajo. Fortunato sube las escaleras, coge las alforjas, y con un hasta luego desde el pasillo se despide de María.
María retira del fuego la leche, que como de costumbre ya se ha sobrado. Mira por la ventana como se van los hombres al campo, los despide con la mano, pero ellos no se dan cuenta. Arrima a la chapa un cacillo con un poco de café y mucha leche , hace unas sopas con el pan duro y se sienta a desayunar. Retira el tazón usado a la fregadera.
Coge el cubo de la leche vacío y baja las escaleras que dan al corral. Se calza unas botas viejas y limpia la cama de la vaca y el caballo. La vaca agradece la paja limpia, arrima el morro al suelo, da dos bocados a la paja nueva de debajo de las patas. María coge el taburete de tres patas de un hueco de al lado de la puerta y se dispone a ordeñar a la vaca. Poco a poco el caldero se va llenando de leche. María sube la leche a la cocina, la pasa por un colador grande y la separa en 12 botellas de litro y otras nueve las rellena con medio litro.
Entra en la habitación de los suegros, abre un poco los ventanillos, por donde entra la luz de la mañana. Levanta al abuelo. Le ayuda a vestirse y poco a poco llegan hasta la fregadera donde se lava la cara con abundante agua. Le ayuda a sentarse junto a la mesa de la cocina. Vacía los orinales del cuarto de los cuñados, y de los abuelos. Hace las camas de los cuñados y la suya propia. Entra en el cuarto de los niños y los va despertando suavemente. Les deja encima de la mesilla la misma ropa que habían usado el día anterior. Se dirige de nuevo al cuarto de la abuela, le habla y la despierta cariñosamente. Le comenta que hoy toca baño. Llena un cuenco de metal con agua hirviendo que tiene en la chapa del fuego, la mezcla con agua del grifo hasta dejarla tibia. Levanta a la abuela, la limpia con una esponja desde los pies a la cabeza. Hoy no le lava la cabeza.
Prepara cinco tazones con café con leche y sopas. Desayunan los cinco, sin prisas. Recoge los tazones y las cucharas de los cinco últimos que han desayunado. Friega los cacharros amontonados en el pozo izquierdo de la fregadera.
Pasa un trapo mojado por encima de la mesa, y un trapo seco por encima del armario, barre la cocina y el pasillo, saca toda la porquería al patio, donde cambia la escoba de casa por la de biércol. Barre por encima el patio, y lo mayor de la calle, entra al patio y esparce cuatro calderos de agua por el patio y la calle. Aprovecha para echar otros dos calderos a las plantas.
Abre las ventanas de los cuartos, quita las sábanas de los abuelos y las saca a airear a la ventana. Comienza a hacer las camas y los cuartos de los niños, recoge las sábanas y hace la cama de los abuelos, quita el polvo por encima y de vez en cuando atiende alguna vecina que llega en busca de la leche que tiene ajustada.
Ayuda al abuelo a salir al poyato de la calle, donde se sienta. Coloca a su lado a la abuela sentada en una silla de ruedas. Allí estarán hasta la hora de comer que coincide con el momento que el sol invade el rincón donde están sentados los abuelos.
María reúne la ropa para lavar. Hoy no es día de colada. Todavía no hay suficiente ropa, esperará a mañana o pasado para bajar al pozo a hacer la colada. Se da una vuelta por el pajar, recoge los huevos que han puesto las gallinas, les pone pienso y agua a los conejos, en el momento que se acuerda que tiene que subir al palomar a poner agua a los pichones. Deja los huevos en casa. Sin quitarse la bata atraviesa todo el pueblo para ir a casa de Celes en busca del pan, charlan un rato y Celes le pone los cuatro panes redondos que tiene concertados para ese día. Se tropieza con unos cuantos vecinos a los que saluda y vuelve deprisa a casa. Les saca a los abuelos un vaso de agua fresca y le coloca bien el vestido y el pañuelo de la cabeza a la abuela. Le comenta si tiene frío, pues están en un lugar en que la sombra no deja penetrar los rayos del sol radiante. Echa de nuevo una astilla al fuego.
Pone la mesa con los nueve platos, cucharas, tenedores y cinco vasos. Los hombres beben del porrón. Llegan los hombres del campo. Los dos niños mayores bajan la vaca a beber agua al pilón. Los hombres sin mediar palabra se sientan a la mesa. María saca el porrón lleno de la fresquera. El niño pequeño sube con el barril lleno de agua fresca de la fuente. Los hombres, incluidos el abuelo, después de comer se van directos a la siesta.
Gerardo Luzuriaga
14:30 | Permalink | Comentarios (0) | Tags: feminismo, mujeres, costumbres, navarra
07/09/2007
Gobierno de Nabarra
Hace unos meses comenté que había visto en Irantzu, Acedo y Codés un mapa precioso de una parte de Tierra Estella, en la que no aparecía Nazar, y en vez de poner Mendaza pone Menzaza. Esta semana he tenido tiempo de darme una vuelta por Otiñano, Mirafuentes, Ubago, San Gregorio... Cuál ha sido mi sorpresa al encontrarme en todos los lugares donde he ido con este mapa. ¡Qué poca crítica existe en estos pueblos con lo que nos llega de la capital! En Nazar por lo menos no lo han puesto. Faltaría más. Yo creía que con el comentario anterior sería suficiente para que el Gobierno de Nabarra rectificase e hiciese corregir el error. No sólo no ha sido así, si no que ha inundado los alrededores con el citado mapa. Un bochorno por parte del Gobierno, y una dejación por parte de los ayuntamientos y alcaldes de la zona. Esperemos que lo antes posible se subsane este error.
Por otro lado, los ayuntamientos del valle, con alguno de los alrededores han propuesto crear un centro de día en Acedo. Aplaudo la iniciativa y esperemos que se consiga lo antes posible.
Gerardo Luzuriaga
10:25 | Permalink | Comentarios (0)
06/09/2007
Nabarra
Para cegar este proyecto, Blanco ha impuesto un ejercicio que en terminología jesuítica se denomina "obediencia de juicio ciega". Según Ignacio de Loyola, si el superior afirma que una cosa es negra, aunque a todos los demás les parezca blanca, se debe no sólo obedecer, sino reformar la conciencia y afirmar que es negra por fundarse en las razones que el superior tiene al afirmar que es negra. Esta es la obediencia de juicio ciega que han ejercido los responsables del PSN Chivite y Puras que, aunque ellos tenían razones serias y convincentes para seguir lo que la mayoría de las bases socialistas navarras les pedían de un pacto de izquierdas, han obedecido y han hecho obedecer a los socialistas navarros, afirmando que las razones de Ferraz eran más serias que las propias y que sin entenderlas ni compartirlas debían ser obedecidas.
¿Y cuáles eran esas razones más profundas que subyacían en las intensas conversaciones entre Blanco y el presidente de Navarra, Miguel Sanz, y que no se han esgrimido públicamente?
Los partidos políticos estatales han captado la singularidad de Navarra y el papel que juega en la construcción de Euskal Herria. Afirman que hay que enfatizar Navarra, pero no fiarse de los navarros. El Partido Popular ha delegado en un partido como Unión del Pueblo Navarro sus ideales y sus objetivos, pero se reserva la representación estatal. El Partido Socialista Obrero Español considera a los socialistas navarros idénticos a cualquier socialista español y por eso mismo no ha necesitado crear nominalmente un partido socialista con marca Navarra, ni se fía de sus opciones.
Según los partidos españolistas, sin Navarra el proyecto de Euskal Herria a largo plazo y el de autodeterminación del pueblo vasco que proyecta el lehendakari no tiene perspectiva ni europea ni en Naciones Unidas, al estilo de Kosovo. Ambos partidos se han unido para abortar cualquier posibilidad de conformar Euskal Herria no sólo ahora, sino en un futuro mediato. Para abortar esta operación y ganar con el PP la partida constitucionalista, ha sabido el PSOE sacrificar un peón, que en este caso es el Partido Socialista navarro y que el PP le compensará en una serie de convenios políticos que en otro momento especificaremos.
El sacrificio de PSN ha comportado el que no nazca actualmente un gobierno con NaBai y que no haya posibilidad en un futuro inmediato de crear un convenio entre dos autonomías afines como son las de la Comunidad Autónoma de Euskadi y la Comunidad Foral de Navarra. Pero hay algo más. Saben que el PSN no se recuperará en años, por lo que, por mucho que crezca NaBAi en próximas elecciones, no tendrá alternativa socialista con la que unirse para arrebatar la mayoría a un partido españolista como es Unión del Pueblo Navarro. Es decir, que se ha abortado la tentación de Euskal Herria para lustros.
Como consecuencia de lo expuesto, la unidad de España se ha consolidado. Igualmente, el partido Socialista navarro se ha derechizado. Y, como decían las bases socialistas del pueblo donde veraneo, Oteiza de la Solana, todos ellos votan socialismo aunque eran y lo van a ser cada vez más de mentalidad de UPN.
La desautorización del PSN ha sido también una renuncia a los compromisos éticos, políticos, democráticos (respetar lo que digan los navarros) y humanos adquiridos por Zapatero, y una muestra preocupante del abandono del proyecto de vertebración territorial, social y económica que lideró los primeros años de su mandato.
En contrapartida, ha ganado España. Una España al estilo de la que pensaba el PP. En este apartado político, como en el del terrorismo, también ha vencido el PP.
José Luis Orella Unzué
15:43 | Permalink | Comentarios (0)
28/08/2007
Nazarreko Jaiak / Fiestas de Nazar
Si queréis ver las fotos con más calidad, tendréis que ir al blog de Nazar1. No os las perdáis.
Como bien dijo el alcalde (Alfredo Montoia) el protagonismo de las fiestas de Nazar este año le corresponde al ciclista Jabier Atxa. Y así fue, Jabier fue el encargado de tirar el cohete (etxaflerua, zuziria) y decir unas palabras (en euskara y castellano) a los nazarenos. Se ve que fue un buen presagio, al día siguiente ganó la carrera que disputó por los alrededores de Estella (Lizarra) con meta en Arizala.
Este año seguramente con la intención de que los cantantes expontáneos (tan abundantes por estos lares) no accediesen al escenario, la comisión de fiestas decidió adelantar las fiestas al jueves con un concierto de rock a cargo de dos grupos locales, aunque el tiempo no acompañó la calidad fue apreciada por el público asistente.
El campeonato de futbito lo ganaron los equipos de Asarta y Antzin, los anfitriones Nazar (Hamaika Bat) quedó subcampeón en ambas categorías.
La cena de comienzo de fiestas en la Sociedad (Kostalera Elkartea) también dio colorido (y algo más) al comienzo de las fiestas. Estuvieron al cargo de la cocina los expertos cocineros Pablo, Tito y Justo.En cuanto al lanzamiento de hacha esmorrada (Aizkora kamutsaren jaurtiketa) los vencedores han sido en veteranas/os: Ana Fernández (14,50), Codés Luzuriaga (12); Juan Antonio Luzuriaga (29,30), José Mugica (27,60); en junior se impusieron Nerea Sanchez (13,70), Aitzibiber Zudaire (11,80), Iosu Iturri Montoia (29,30), Andoni Jimenez (25,70); en senior ganaron Marian Sáenz (17,70), Estibaliz Arzoz (16,80), Jabier Simón Albeniz (36,40), Miguel Romero (34,10). El campeón, por tanto resultó ser Jabier Simón. Zorionak.
ESPERO vuestros comentarios con el nombre de los grupos de rock, los joteros, los nombres de los ganadores de mus, de bresca... Tambíen quisiera saber quien ha sido el que más ha lanzado el hacha entre los nazarenos, una vez que Pedro hiciese nulo, y Alfonso no tirase es fácil que sea el que redacta esta nota...





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22/08/2007
El labrador / Nekazaria
Nacimos para vivir en el campo, en el pueblo, entre nuestra gente, protegidos por los árboles centenarios, cobijados por las peñas rocosas milenarias, orgullosos y seguros recorrimos los mismos caminos, las mismas sendas que cruzaron nuestros abuelos, padres y hermanos.
Un día un labrador perdió la cabeza y como labrador alocado comenzó a esparcir las semillas en lugares inhóspitos y desolados, a arrancar los árboles ya formados para transplantarlos en lugares aislados, horribles y desapacibles.
Amanecimos entre calles anchas, aceras asfaltadas, farolas de luz mortecina. Iglesias rodedas de edificios de diez y más pisos, que ocupaban más espacio que todo el pueblo de donde nos habían sacado. Los árboles ante tales construcciones parecían palos secos de boj.
La niebla -que con el paso de los meses pude comprobar que iba a ser nuestra compañera durante todo el invierno- hizo el encuentro un poco más agradable, pues no nos permitía apreciar la realidad con toda su crueldad. Efectivamente con el paso de los días la niebla se conviertió en nuestra única compañera.
De repente, todo fueron sensaciones nuevas. Ríadas de gente pululando de un lugar para otro, de prisa y corriendo, todos con caras semejantes, todos idénticos, vestidos igual. Una multidud de personas sin rostro, sin rumbo fijo.
Los primeros días los pasamos, agazapados entre la niebla siguiendo los pasos rápidos de la muchedumbre, pero sin ruta ni objetivo concreto, hasta que las personas se iban diluyendo entre la densa niebla, desapareciendo incomprensiblemente entre aquellos caminos que no llevaban a ningún sitio.
La soledad se fue apoderando de nosotros, - semillas esparcidas por los campos y árboles arrancados de cuajo de su hábitat, abandonados en terrenos pedregosos, acechados por mil peligros –expuestos a la voracidad de las aves [coches], a la inclemencia del tiempo [el frío], a la falta de espacio [la muchedumbre], terrenos inapropiados [la ciudad], carentes de nitratos [dinero]- que nos hacían dificil el crecimiento.
Árboles, jardines, edificios se nos antojaban extraños, sin vida, sin sentimientos… Nada podía consolarnos, andar entre la gente para olvidar, recorrer calles y callejuelas sin rumbo fue nuestro único entretenimiento, no pocas veces nos sorprendímos a nosotros mismos al encontrarnos entre el gentío, parados observando una estatua de un edificio, una puerta, una esquina, absortos mirando sin ver… Los minutos se dilataban, los días se hacían eternos. El reloj parecía no moverse. Nada tenía sentido.
En tal situación era en vano evocar los recuerdos; pues aparecían y desaparecían ante nosotros difuminados como fantasmas entre la niebla. Muy pocos lograban acercarse lo suficiente como para poder oir su voz. Los recuerdos también actuaban como si se viesen sometidos a la presión de la ciudad.
La niebla de color gris y de olor especial invadía las calles, cubría los árboles y los edificios, lo que nos daba la posibilidad de caminar sin reparar en nadie, ni en nada.
Poco a poco los recuerdos, ocultos entre la niebla, como si de fantasmas se tratasen fueron acercándose. Especialmente aprovechaban los días de niebla túpida para compartir lo vivido en el pueblo, sin miedos, ni prisa alguna. En estos días fríos es cuando se sentían más seguros y descuidaban las medidas de seguridad.
Pasados unos meses abandonaron la forma de espíritu para entremezclase entre la multitud como el resto de personas, pasando desapercibidas para el resto de los transeuntes.
Un día, de repente, todo cambió, los jardines recobraron su color, los árboles se dejaron ver, los pájaros revolotearon a nuestro alrededor. La ciudad tomó vida, apreciamos los amaneceres, fuimos conscientes de como los edificios fríos y huecos iban tomando vida con el ajetreo de personas y coches, nos acostumbramos al ruido y bullicio, disfrutamos de los anocheceres…
Gracias a los recuerdos fuimos capaces de retomar el ánimo para resistir e ir creciendo en aquellos lugares tan inapropiados para semillas tan especiales…
Letras dedicadas a todos aquellos que por una u otra razón han tenido que dejar el pueblo en busca de una vida distinta… Escrito basado en la frase oída a mi hermano Juan Antonio, “nacimos para vivir en el campo y nos transplantaron en la ciudad”
Gerardo Luzuriaga

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